miércoles, 1 de agosto de 2012

Simplemente (4)


Han pasado varias semanas desde que Marina y yo estuvimos juntas por última vez, y quizás por esa razón lo recuerdo con mucho cariño y amor. A pesar de que quiero mucho a Marcus, siento yo que no se merece lo que le estoy haciendo y mucho menos que se lo haga con su hermana. Así que prime fui a buscar a Marina, solo que no la encontré, así que supuse que estaba con su novia, entonces fui a buscar a Marcus en su oficina y al llegar lo encontré en junta, así que lo espere en su oficina.

-       Hola Marck—dije al verlo entrar.

-       Hola amor ¿Cómo estás?—me respondió, aunque me incomodo mucho que me dijera amor, a pesar de que al principio no me incomodaba tanto.

-       Bien, vine a invitarte a comer, y luego para platicar de algo que me viene carcomiendo las entrañas desde hace varios meses—le dije.

-       Ok, entonces vamos, porque ya me dio mucha hambre—dijo el muy sonriente y tomo su saco y salimos tomados de la mano, aunque me sentí rara.

Después de salir el me llevo en su carro a un restaurante cerca de un parque pero algo retirado de su oficina. Se veía que él iba mucho por ahí, ya que el maestre lo conocía muy bien. Escogimos lo que queríamos comer y después de eso comimos y salimos al parque para poder platicar.

-       Entonces Jenny dime ¿de qué quieres que hablemos?—me pregunto al sentarnos en una banca.

-       Bueno, es algo difícil de explicar desde hace cuatro años y medio no conocimos.

-       Si lo recuerdo muy bien—respondió el—te conocí el día que más te necesite.

-       Si lo sé, puedo decirte sin mentir que cuando te vi me gustaste mucho no lo puedo negar, como tampoco puedo negar que en tu familia me he sentido muy acogida y me vería muy ingrata si no te diera un explicación.

-       ¿sobre qué o qué?—pregunto curioso.

-       Pues desde hace ya más de seis meses te ha sido infiel, solo que lo peor no es la infidelidad sino que me he enamorado de esa persona.

-       Y dime ¿cuál es el problema?—me pregunto ya más serio.

-       Es que hay un pequeño problema—dije ya más seria y con un dejo de tristeza—esa persona es mujer.

-       Eso creí—respondió el con un tono de despreocupación, que a mí me sorprendía y me preocupaba.

-       ¿pero…como?—dije yo muy sorprendida por su respuesta.

-       Bueno, te sonara raro, pero sabes que por lo general un hombre no se daría cuenta de que un hombre es gay o una mujer lesbiana, a menos de que la persona se lo cuente. En cambio yo, parece ser que estoy dotado de un sexto sentido, y pues por esa razón me pude dar cuenta que últimamente te estabas interesando en mujeres y por eso llegue a esa conclusión, sin embargo no podía decirte nada, ya que quería que tu confiaras en mi.

-       Gracias por entenderme, sin embargo hay algo más que no aun no me siento lista para poder decirte—dije ya con un poco más de seguridad de lo que decía.

-       Mira no te preocupes, cuando estés lista, me dirás lo que me tengas que decir—me dijo con afán de que me sintiera más a gusto—solo te pido que me des seis meses más, se que si me das ese tiempo, pueden pasar muchas cosas, y si en ese tiempo no cambia nada en ti, pues te dejo ir.

-       Está bien no me molestaría darte ese tiempo, a lo mejor haci puedo pensar mejor las cosas—respondí.

-       Muchas gracias, de verdad no te vas a arrepentir—me dijo esbozando un leve sonrisa.

Después de eso me despedí de Marcus y me fui a mi casa, me puse a pensar en todo lo que había tenido con Marina y de cómo fue aquella ultima vez.

“Después de haber hecho el amor, las dos nos recostamos; yo sabía muy bien que ella solo me buscaba por sexo, sin embargo, jamás me imagine poder enamorarme así, y más de una mujer, lo peor de todo es que era mi cuñada. Ella siempre decía que tenía muy buen sexo conmigo, pero yo entre mi siempre pensaba que habíamos hecho el amor. Ella después de retomar fuerzas, se levanto y se vestía.

-       Pero ¿Qué haces? ¡quédate otro rato!—dije implorándole.

-       No puedo, y ya no me busques ¡por favor!—me dijo seria—esto hoy se termino, nunca debimos tener nada.

-       Eso lo sé muy bien, pero yo te amo—dije casi en llanto.

-       Lo sé, pero tú sabes que yo la amo a ella—me respondió.

-       ¡dime! ¿Qué te tiene ella que no tenga yo?—le pregunte inquisitiva.

-       Mi amor, mi vida y lo más importante mi corazón—respondió con mucha seguridad—es por eso que ya no debemos vernos más.

-       Está bien, como te amo demasiado tampoco quiero hacerte sufrir—respondí con la poca fuerza que fui capaz, ya que estaba casi al punto del llanto—jamás olvides que yo haría cualquier cosa con tal de verte sonreír.

-       ¡gracias Jenny! Por comprender, por favor no hagas sufrir a mi hermano—me pidió con mucho cariño—el te quiere mucho y no me gustaría verlo sufrir por mi culpa.

-       No te preocupes, no lo hare, yo quiero mucho a tu hermano, pero no sería capaz de hacerlo sufrir—dije todavía con lagrimas en los ojos y un hilo de voz.

Ella termino de cambiarse y salió. En ese momento yo me solté a llorar como una niña pequeña, que había perdido lo que más le  importaba en la vida.”

Al terminar de recordar, me sentía muy cansada entonces me fui al cuarto y me dispuse a descansar y más pronto de lo que pensaba me quede dormida.



Después de escuchar aquello, no pude decir nada, pensando yo que ella quería estar conmigo siempre, hasta que tome el suficiente valor para preguntarle.

-       ¿Cuándo me lo ibas a decir?—le pregunte muy seria— ¿EL DIA QUE TE FUERAS? O ¿CUÁNDO ESTUVIERAS EN PARIS? ¿EH?

-       No preciosa, claro que no, pero me dio miedo—respondió ella muy temerosa

-       ¿MIEDO DE QUE?—pregunte con un tono de voz muy subido y con un notado enojo.

-       Pues de que te pusieras como ahora, me daba mucho miedo de que pensaras precisamente lo que estas pensando ahora—me dijo ya con seguridad y severidad—yo aun no he decidido irme, apenas tengo una cita para mi permiso de trabajo.

Respire muy hondo y después continúe—mira deja pensarlo un rato es que es demasiado por asimilar y necesito pensarlo—fue lo único que pude decir—regreso más tarde.

Después tome mi chamarra y salí del departamento. Tome camino al parque y me senté debajo de un pequeño cerezo, que en una ocasión cuando estaba en la secundaria lo plante en este mismo parque. Ahí me puse a pensar sobre lo que me dijo. No quería que ella se fuera, pero tampoco quería que ella se estancara y no cumpliera un sueño; así que aunque por mucho que me doliera tenía que dejarla ir para que pueda cumplir con su sueño, si la amo debo dejarla ir, si es para mí es que regresara, pero ¿sino?, me dolerá demasiado.

 Entonces mejor después de haber tomado la decisión de apoyarla para que se fuera, porque sé que es lo que ella quiere, y si ella es feliz, yo lo soy. Entonces fue que llegue a la puerta de su departamento y toque; pareciera que ella estaba esperando junto a la puerta.

-          Hola amor—dije al entrar.

-          ¿Qué PASO? ¿AHORA QUE QUIERES?—me respondió con mucho enojo.

-          Pues hablar contigo—respondí, pero sin perder la calma—tengo algo que decirte.

-          ¿Qué? ¡QUE ME OLVIDE DE TI!—me refuto.

-          No, claro que no, sino que estoy de acuerdo con que vayas a París—respondí a su cuestionamiento con una sonrisa.

-          ¿en…serio?—pregunto titubeante.

-          Claro que si amor, te amo tanto—respondí a su pregunta con un beso en su frente—pero no quiero que te quedes aquí porque yo no te deje y entonces seas infeliz y me recrimines por no haberte apoyado.

-          ¡Oh! ¡muchas gracias amor!—dijo con mucho emoción y se me lanzo encima besándome—dime que no es mentira ¡por favor!

-          ¡claro que no! Como te dije estoy de acuerdo con que vayas—conteste—pero no quiero que vayas andar por ahí de picaflor con alguna francesita

-          Claro que no, porque yo a la que quiero la tengo aquí a mi lado—respondió dándome un beso que me supo a gloria y que me llevo al cielo en un segundo.

Esa tarde la pase con ella y tuvimos que pedir algo de comer porque hicimos el amor tantas veces como nos fue posible. Ya en la noche Lune quiso hablar conmigo.

-          Amor necesito hablar contigo—me dijo ella dándome un beso en la frente.

-          ¿sobre qué Lune?—le pregunte, pues no quería más sorpresas de las que ya había recibido.
Bueno, hay veces que te miro y no sé porque pero siento que te parece a aquella chica que te conté—me respondió y a mí me daba algo de compasión, pues si supiera que era yo la muchacha aquella que estuvo con ella.