Alguna vez habías pensado ¿Por qué los grandes cambios
suceden con una muerte, un nacimiento o con una boda? O ¿Por qué estos eventos
suceden cuando hay un cambio verdadero en la forma de vivir?, pero supongo que
nadie ha visto o vivido estos tres eventos de manera continua o al mismo tiempo
y el mismo día. Sin embargo les puedo decir que aunque increíble que parezca yo
lo viví hace ya veinticinco años, en un día agradable de junio esto sucedió. Me falto presentarme mi nombre es Marck por Marcus
ahora tengo cincuenta y un años, soy el mayor de tres hermanos y siendo el
único varón, mis hermanas Marie y Marina de cuarenta y seis y cuarenta y tres
años respectivamente.Era un hermoso día de finales de primavera, mis padres
Cesar y Diana, se encontraban en casa como todos los días desde hace cinco
años, pues se habían retirado y estaban disfrutando de su vejez.
-
Amor ¿Por qué no
vamos a ver a Marina?—pregunta mi mama— ¿ya le debe faltar poco para dar a luz?
-
Ya te dije que no
y no sigas insistiendo—dijo papa tajante.
-
Pero Cesar, es
nuestra hija y deberíamos estar con ella—le espeto.
-
Si Diana, pero
ella se lo busco, que aprenda a hacerse responsable—dijo cortante y salió de la
habitación para ir al baño.
Mientras tanto Marina estaba en el hospital Balbuena,
en el quirófano en labor de parto, yo me encontraba con ella pues su novio no
se quiso hacer cargo, y yo estaba ahí para apoyarla, moralmente claro.
-
Puja linda, puja,
ya falta poco—le decía el Doctor—un poco más, ya casi.
- Vamos hermanita, da tu último esfuerzo—la animaba—hazlo por tu bebe.
Ella dio su último esfuerzo, y me di cuenta porque me
apretó muy fuerte mi mano. En ese momento el Doctor dijo:
-
Ya nació, es una
hermosa niña—finalizo, enseñándosela a mi hermana, que aunque exhausta sonrió
al verla.
El doctor se la entrego a la enfermera y se la llevo,
para luego regresar y entregársela a Marina que no pudo más que llorar de la
felicidad que sintió al verla y poder sentirla tan cerca de ella.
- No puedo creer tan pequeña, tan hermosa y tan mía—dijo al fin esbozando un débil sonrisa que ilumino su rostro.
- Si hermanita, es muy bonita, y ¿Cómo se llamara?—pero me interrumpí— ¡ay! disculpa pero tendré que dejarlas solas unas horas.
- ¿Por qué?—hizo una pausa- ah sí, la boda de Marie, anda pues ve, y dile que me disculpe por no ir, pero que estaba recibiendo el paquete más importante de mi vida—riéndose y haciéndome reír.
- Si yo les digo, no te preocupes y recupérense las dos, en hora y media vuelvo—le dije saliendo del quirófano, me dirigí hacia la iglesia del Sagrado Corazón.
Esperando en la iglesia estaba Marie, Julia y demás
invitados.
- Marie ya tranquilízate, ya llegaran no te preocupes—le dijo Julia su suegra—además mi hijo todavía no llega
- Sí, pero quedaron de pasar por mi muy temprano—dijo Marie muy nerviosa—y no me han hablado, y eso me está poniendo muy nerviosa.
- Tranquila ya te hablaran—dijo Julia tratando de calmarla.
Hubo un largo silencio y
después de un par de minutos sonó el teléfono.
- Ya ves que te dije—le dijo Julia.
- Si permítame… ¿bueno?—contesto Marie.
- Marie soy yo, Marck—le dije a Marie sin esperar respuesta de ella—voy llegando, pero dime ¿Qué aun no ha empezado la misa?
- No, aun no pero apúrate—me dijo Marie y colgó.
-
¿y qué te dijo?—le
pregunto Julia
-
Que ya viene para
acá—dijo al fin
Sin embargo nadie se imaginaba lo que estaba pasando
en la casa. Mientras mi papá se fue a bañar, mi mamá se quedo dormida. Mi papa
salió y se arregló para salir a correr, entro a la habitación,
-
Amor ¿ya estas
lista?...—se detuvo al verla en la cama acostada decidió no molestarla. Se
sentó a lado de mamá y hablo en voz baja.
“Ay cariño no
me gusta enojarme contigo, tal vez cuando despiertes te llevare a ver a Marina,
y tienes razón es nuestra hija y tenemos que estar con ella si ese desgraciado
no quiso hacerse cargo de nuestra hija y nuestro nieto”
Se paro y salió de la casa como todos los días para
correr; a pesar de la edad que tenia estaba con una buena condición. Como
siempre se fue al parque y realizo su rutina como siempre corriendo; al
terminar se regresó a la casa, subió a la habitación para comprobar si mama
estaba despierta, como la vio acostada, decidió bajar a la cocina para preparar
el desayuno. Cuando lo termino de preparar el desayuno.
-
¡Amor! ¡corazón!
¡ya levántate!—dijo mi papá dejando a un lado el desayuno—Amor levántate te
traje el desayuno.
Tratando de despertarla, la movió un poco, al ver que
no reaccionaba se puso muy nervioso y llamo por una ambulancia.
-
¿bueno?, si
necesito una ambulancia… ¿lugar?...si es calle Juárez numero noventa
colonia…está bien aquí los espero.
Colgó y siguió tratando de animarla. A los diez
minutos sonó el timbre, al cual fue corriendo lo más rápido que pudo para
abrirles.
-
¡Qué bueno que
llegaron! Pásenle, es por aquí—dejándolos pasar y guiándolos
-
¿desde a qué
horas a estado así?—pregunto uno de los paramédico.
-
No lo sé, no lo
sé—respondió papá—tal vez desde hace dos horas o dos horas y media, no sabría
decirle, yo me fui a correr como todos los días.
-
Bueno señor no se
preocupe—dijo el otro paramédico como para tranquilizarlo–haremos lo mejor
posible por su esposa.
Durante algunos minutos los paramédicos le tomaron el
pulso y le dieron respiración de boca a boca, pero al darse cuenta que no
podían hacer nada dejaron de esforzarse y la taparon con la sabana.
-
¿pero qué
hacen?—dijo mi papá destapándola--¿Qué no piensan ayudarla?
-
Lo sentimos mucho
señor, pero su esposa está muerta—dijo uno de los paramédicos—nosotros ya no
podemos hacer nada por ella
-
¡No! ¡por favor!,
tú no te puedes morir—dijo mi papá—no me puedes dejar solo, tú no te puedes
morir y dejarme.
-
Señor cálmese que
tendremos que llevárnosla—dijo el otro paramédico.
Mi padre mientras tanto no
escucho de forma clara lo que los paramédicos
le decían, él se quedó a lado de la cama.
-
¡Por favor! Diana
no me dejes—decía mi papá acariciándole la mano—ándale chiquita despierta, abre
esos ojos hermosos.
Así siguió por más de media hora y mi padre no se
quería apartar. Los paramédicos tuvieron que quitarlo, para poder llevarse el
cuerpo de mi madre, y a mi padre le dieron un tranquilizante para calmarlo y
también se lo tuvieron que llevar al hospital.
Todo esto acontecía, mientras se llevaba a cabo una
boda.
-
Oye por poco y no
llegas—dijo Marie al verme—pero ¿Y Marina? ¿Dónde está?
-
Bueno ella me
dijo que te dijera que no podría venir—le dije—porque recibió el paquete más
importante de su vida
-
¿Cuál paquete?
¿no entiendo?—me dijo Marie, sin entender nada sobre la broma de Marina.
Yo le iba a explicar lo que le dije, pero doña Julia
me interrumpió
-
Bueno hija, es
obvio es que ya dio a luz tu hermana—le dijo riéndose— ¡Ah! pero que hermanita tan ocurrente.
-
¿Cómo? ¿ya tuvo
su bebe? ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Qué fue?—haciéndome tantas pregunta que me
abrumo con tanta euforia e histeria a la vez.
-
Ya Marie
tranquilízate—le dije—si ya dio a luz, está bien, muy bien las dos…
-
¿las dos?—dijo
interrumpiéndome--¿fue niña?
-
Si, fue niña—le
respondí—y esta hermosísima, pero enfócate, te tienes que casar
-
Pero, quiero ir a
verlas—me espeto
-
Más tarde las
podrás ir a ver—le prometí
-
Entonces deja le
digo al padre que ya puede empezar la ceremonia—dijo doña Julia
-
Si está bien—le
dijo Marie
Todos entraron, menos nosotros, bueno al único que no
vi afuera fue a Carlos, supongo que él se encontraba adentro; y si él ya estaba
al pie del altar, esperando a mi hermana, y me puse a pensar que quien debería
entregar a mi hermana era mi papá, quien no estaba de acuerdo y me acuerdo de
aquel día.
“Era una
mañana en la casa de mis padres cuando llegaron Marie y Carlos para hablar con
papá.
-
Papa Carlos y yo queremos hablar contigo—le dijo Marie
a papá mientras entraban y se sentaban los dos
-
¿y de que quieres hablar hija?—pregunto papá
contrariado
-
Bueno señor—dijo Carlos interrumpiendo a Marie—de lo
que queríamos hablar con usted, y es que queremos que nos de su bendición.
-
¿Mi bendición? ¿Por qué? ¿acaso se quieren casar?
¿verdad?
-
Bueno papá Carlos y yo le hemos estado hablando, y si
es eso lo que queremos—concluyo Marie
-
Pero, ¿Por qué? ¿acaso estas embarazada?—especulo papá
-
¡Ay! Papá, no ¿cómo se te ocurre?—le
espeto—simplemente nos queremos casar.
-
Si hija, pero son muy jóvenes aun, como para saber lo
que ustedes quieren
-
Sí, pero él y yo nos queremos, más bien nos amamos y
queremos estar juntos, yo ya quería que me entregara el anillo, pero él quiere
tu aprobación—contesto Marie—y por eso estamos los dos aquí para que nos des tu
bendición.
-
Hija ¿Por qué no esperan unos años, al fin y al cabo
son jóvenes y tienen todo el tiempo del mundo por delante
-
Papá, el tiempo no es lo que nos preocupa, ni la edad—dijo
de manera tajante
-
Pues si no son capaces de esperar, no tengo por qué
darles mi bendición—dijo papá tajante
-
Pero señor, Marie tiene razón no es el tiempo ni la
edad los que nos preocupa—intervino Carlos—sin embargo tu padre tiene razón y
deberíamos esperarnos
-
Carlos ya habíamos quedado en algo—le dijo Marie a
Carlos sorprendida por su respuesta.
-
Si cariño hay que darle tiempo al tiempo—respondió
Carlos—y lo sentimos señor, si su hija se quiere casar conmigo yo lo hare
porque la amo y sé que ella también.
-
Pues pueden casarse si desean, ya que eres mayor de
edad, como para saber lo que está bien o está mal—finalizo papá—solo que no
esperes verme en tu boda.
Salió de la habitación”
Yo regrese a la realidad, estaba al lado de mi hermana
caminando rumbo al altar donde Carlos la esperaba.
-
Carlos cuídala
bien—le dije al momento que le daba la mano de Marie
-
Con mi
vida—contesto
Yo me fui a sentar para escuchar la ceremonia, estuve
atento a cada palabra y momento de la misa, no quería perder detalle de lo que
acontecía; y razonando de cómo estaba viviendo, si bien era un soltero
“codiciado”, no tenía “responsabilidad” alguna, bueno dicho entre comillas
porque había decidido hacerme cargo de
mi hermana y de su hija, ellas son mi responsabilidad. Cuando me relaje y me
concentre en la ceremonia, el padre dijo:
-
¿Quién tenga algo
que decir para que esta boda no se lleve a cabo? Que hable ahora o calle para
siempre.
Espero unos segundos y como nadie dijo nada.
-
Entonces yo los
declaro marido y mujer, puedes besar a la novia.
La gente salto en júbilo y aplaudieron, mientras
Carlos y Marie daban un beso espectáculo de lo que es un beso de amor.
Salimos todos para poder felicitar a los nuevos
esposos, todos los felicitaron y de ahí se iban a ir directo al aeropuerto, pues
la fiesta iba a ser en el rancho de la familia de Carlos en Chihuahua, pero mi
hermana me hablo y me acorde de lo que le había prometido.
-
Oye Marcus
llévame a ver a Marina, quiero verla antes de irnos—dijo
-
¿ahora? ¿Por qué
no te vas a chihuahua y de regreso la ves?—le dije expectante
-
Si no te estoy
preguntando—dijo tajante y ya me llevaba rumbo a la limosina—además quiero
conocer a mi sobrina
-
Está bien,
vamos—concluí.
Subimos a la limosina y le dije al chofer que fuera
hacia el hospital Santa Cruz. El chofer hizo caso a mi indicación y en media
hora llegamos.
Bajamos y los lleve hacia el piso de maternidad donde
pasamos a la recepción.
-
Señorita me
podría decir ¿en qué cuarto esta la señorita Marina Aguilar?—pregunte
-
Si,
permítame—dijo mientras buscaba la información—se encuentra el cuarto
doscientos cinco
-
Muchas
gracias—finalice
Caminamos los tres, y por el pasillo me di cuenta que
las enfermeras se le quedaban viendo a mi hermana, será porque iba vestida de
novia o porque estaba tan hermosa con su vestido; y creo que Marie se dio
cuenta porque se ruborizo un poco. Toque la puerta.
-
¡Adelante!—escuche
decir a Marina
Abrí la puerta y me asome
por la puerta
-
¡Hola! ¿Cómo está
la nueva mamá? ¿adivina a quien traje?—le dije al tiempo que abría por completo
la puerta.
-
¡Marie! ¡Carlos!
¿pero qué hacen aquí?—dijo Marina contrariada
-
Pues venimos a
verte—dijeron a unísono
-
Yo ya los hacía
en el aeropuerto
-
Sí, pero quería
ver a mi hermanita—dijo Marie
-
Y claro conocer a
nuestra sobrinita—interrumpió Carlos.
-
Él tiene razón—dijo
Marie—además él no lo sabe pero mi intención es llevarte con nosotros a
Chihuahua.
-
¿Bueno? No es
mala idea—dijo Carlos—pero ¿A qué hora lo decidiste?
-
Ahorita—concluyo Marie.
-
Pues a mí me
gustaría—dijo Marina—pero el doctor dijo que no me da de alta sino hasta
mañana.
-
¿Estás
segura?—pregunto Marie—yo podría convencer al doctor.
-
No, déjalo así
además no me siento con ánimos para viajar—espeto
-
Pero…
-
Mira Marie, si Marina
no quiere o no puede ir, no deberías obligarla—intervino Carlos—además tenemos
que irnos.
-
¡Ay! Si, tienes
razón—dijo Marie—tenemos que irnos
Tomo camino para salir y se me quedo viendo.
-
¿Qué no piensas
venir?—me pregunto.
-
Aun no, yo me voy
más tarde—le dije.
-
Ok pero no me
vayas a fallar—me advirtió.
-
No te preocupes,
allá me veras—me defendí.
-
Ya déjalo—dijo Marina
-
Vale pues—dijo
Marie—bueno Marina descansa y hasta luego.
-
Hasta
luego—dijimos a unísono Marina y yo.
Marie y Carlos salieron del cuarto, dejándonos solos a
Marina y a mí. Nos pusimos a platicar un rato y me cual fue el nombre que le
pondría a la niña.
-
Bueno, hace rato
estaba pensando en cómo llamarla—dijo Marina
-
¡Ah! ¿y ya
pensaste en alguno?—le pregunte
-
Bueno solo en
uno—contesto
-
¿y cuál
es?—inquirí
-
Daniela—concluyo
En ese momento
mi teléfono sonó y salí de cuarto para contestarlo.
-
¿bueno? ¿Quién
habla?—pregunte
-
¿es usted el
señor Marcus Aguilar de la Cerda?—pregunto la voz de una señorita
-
Si, ¿Por
qué?—inquirí
-
Hablamos del
hospital santa cruz—me contesto—para comunicarle que su padre está aquí
hospitalizado por un shock nervioso muy fuerte
-
¿pero que lo
paso?—pregunte
-
No le podemos
decir por teléfono, pero ¿podría venir?—contesto la señorita
-
Si, ahora mismo
bajo-conteste y colgué.
No supe que más decir lo único que pude hacer fue
entrar a la habitación y me senté un momento, no sabía qué hacer o decir, sabía
que para que mi papá se pusiera así, fue porque ocurrió algo muy duro para él,
sin embargo no me podría imaginar lo pudo haber pasado. Aunque mi actitud no
pude controlarla supe inmediatamente que Marina me estaba observando hasta que
ella no pudo aguantar la curiosidad.
-
Marcus ¿Qué
tienes? ¿Qué te pasa?
Escuche su voz y apenas pude reaccionar.
-
Eh nada, nada,
tengo que salir, me hablaron del trabajo—fue lo único que fui capaz de decirle,
además no podría estarla preocupando con lo que estaba pasando.
Lo único extraño que se me hizo fue que en lugar de
que mi mamá me avisara de lo que le había pasado me haya hablado una enfermera
o una señorita de trabajo social. Después de tanto darle vuelta a la cabeza
baje hasta el primer piso, porque cabe la casualidad que era el mismo en el que
estaba Marina y le pregunte a la enfermera que estaba en recepción.
-
Señorita me
podría decir ¿en qué cuarto está el señor Cesar Aguilar Riverol?
-
Sí, me
permite—respondió la enfermera, tardo más o menos un minuto cuando rompió el
silencio—mire ahora está en el segundo piso en el cuarto setenta y nueve
-
Muchas gracias
señorita—respondí.
Volví a subir y busque a quien estaba atendiendo a mi
papá para que me explicara cómo estaba.
-
Doctor ¿Cómo se
encuentra mi padre?—le pregunte
-
¡Ah! Él se
encuentra estable y recuperándose, sin embargo—hizo una pausa—tendrá que ser
paciente con él, porque no se recuperara del todo.
-
¿y por qué no?
¿no dice que se estaba recuperando?—espete
-
Sí, pero me
refiero a emocionalmente—me respondió—además—hizo una pausa—bueno no sé cómo
decirle esto, pero tendré que darle una mala noticia
-
¿Qué es? ¿Qué
pasa con mi padre? ¡Pero ya! Dígamelo—le exigí
-
No, no es su
padre, como le dije su padre está bien—dijo el doctor—esto tiene que ver con su
madre
-
¿Qué tiene? ¿Qué
le paso?—cuestione angustiado
-
Lo siento mucho,
comunicarle que su madre murió-dijo el doctor—lo lamento mucho.
Fue un shock, un golpe al corazón que me dolió hasta
los huesos, lo único que pude hacer fue sentarme en el frio piso del hospital.
La sensación del piso frio me hubiera puesto los pelos de puntas, pero ahora la
sensación del piso no me molestaba tanto como la tristeza que me invadía en el
corazón. Pasaron varios minutos antes de que pudiera reaccionar. Después supe
lo que tenía que hacer, primero que todo tenía que avisar a mis hermanas, lo
primero que se me ocurrió era marcarle a Marie.
-
¿Marie?...si soy
yo…no, no ella está bien…es sobre papá y mamá…no te lo puedo decir por
teléfono…si lo sé, pero es importante…ya vale pues, te espero.
Colgué y tome camino para ir a ver a Marina, el único problema
era que, no sabía cómo le iba a decir, esto sería un golpe muy duro para ella y
más en las circunstancias en las que quedaron cuando ella les dijo que estaba
embarazada.
“era una
tarde en la casa, yo iba llegando a la casa, yo iba pocas veces a la casa ya
que llevaba varios años viviendo solo.
-
Mamá, papá quiero hablar con ustedes—dijo Marina al
entrar a la sala.
-
¿Qué pasa hija? ¿de qué quieres hablar?—le pregunto
papá.
-
Quiero decirles algo pero es muy difícil de
decirles—dijo Marina.
-
¿Qué pasa hija? Me estas asustando—dijo mamá.
-
Está bien mamá, estoy embarazada—dijo de golpe.
-
¿Qué estas qué?—dijo papa exaltado.
-
Estoy embarazada—dijo Marina
-
Pero ¿Por qué no te cuidaste?—intervino mi madre.
-
Eso ya no importa—espeto mi papá—dime solo quien es el
desgraciado que te embarazo
-
Papá eso no es importante, porque pienso tenerlo sin que el papá se haga
cargo—contesto Marina.
-
Yo jamás permitiría que abortaras ese niño—sentencio
papá—pero tampoco permitiré que vivas aquí, así que hoy mismo te vas de la
casa.
-
Pero papá sino tengo a donde ir, no me corras—suplico Marina
-
Si tu quisiste hacer de tu vida un papalote—dijo
papá—tendrás que afrontar las consecuencias
Al estar
escuchando la discusión desde la cocina pues me entere de todo, sin embargo
pregunte qué estaba pasando.
-
Papá ¿Por qué gritas? ¿Qué pasa?—pregunte al entrar a
la sala
-
Pues que tu hermana salió embarazada—respondió papá.
-
¿y el patán que te embarazo? ¿Qué no piensa hacerse
cargo?
-
No, dice que es mi problema y la verdad no me
interesa—me espeto.
-
Y ya te dije te me vas ya-le espetó a Marina
-
Pero papá no tengo a donde ir ¡por favor no me
corras!—suplico Marina
-
No me interesa, te me vas ahorita y dejas tus
llaves—le sentencio—y te irás sin nada más que con lo que llevas puesto, porque
todo lo que tienes es mío.
-
Mamá ¡por favor ayúdame!—le suplico a mamá
-
No puedo hacer nada, tu papá ya decidió—le respondió
Al ver que no
tenía nada más que decir salió tal cual cómo iba, dejando las llaves. Camino
por la acera de la calle, por un largo rato hasta que se paró frente a una
tienda y por casualidad o no, era una de maternidad, ahí se entretuvo un largo
rato, hasta que la encontré.
-
Marina por fin te encuentro—le dije a Marina—ya me tenías
preocupada
-
Si, si, tan preocupado que hasta me defendiste de
papá—me dijo de forma sarcástica.
-
Ya no te preocupes, yo te voy a ayudar—le dije con
tono de disculpa—te puedes quedar en mi casa.
-
Me quieres ayudar para que no yo no les diga a
nuestros padres de quien es este hijo ¿verdad?—me cuestiono.
-
Mira les puedes decir, por mí no hay problema—le dije
despreocupado.
-
Está bien, pero eso no va a significar nada—me
advirtió
La lleve a mi
casa y la deje que se instalara.”
Cuando regrese a la realidad estaba en el cuarto de Marina
observando cómo dormía y lo pasiva que estaba, cuando de repente se despertó
abruptamente.
-
¡Mamá!—dijo
levantándose de la cama.
-
Ya tranquilízate,
todo está bien, todo ha pasado—dije para consolarla—solo fue un sueño.
-
¡No! A mi mamá le
ha pasado algo—me inquirió—lo presiento.
-
Cálmate Marina
¡por favor!, fue solo un sueño—dije tratando de tranquilizarla.
-
¡No! Y no me
digas que me calme porque no lo voy hacer, algo le paso a mamá –dijo
enfurecida—lo sé, lo presiento.
-
Está bien, si
para tranquilizarte tengo que hablar a la casa—dije y salí del cuarto.
Solo que no marque, me quede afuera para pensar en
cómo decirle que mamá está muerta, y más sabiendo en como quedaron las cosas
con ella, eso podría destrozarla. Paso un rato para fingir que había hablado a
la casa. Para el momento que iba entrar al cuarto de Marina llego Marie con
Carlos, esta vez la vi diferente, ya no llevaba su vestido de novia, sin
embargo se veía muy bonita; ella se acercó y me pregunto qué era lo que había
pasado.
-
Bueno, papá está
aquí en el hospital, está bien y se está recuperando—le respondí.
-
¡pero ¿Qué le
paso?!—me pregunto insistente.
-
Mira, él ya se
encuentra bien, solo le dio un shock nervioso, y como ya te dije se está
recuperando.
-
¿y mamá? ¿Cómo
está mamá?—me interrogo--¿Cómo está ella?
-
Bueno
ella...—hice una pausa—…ella… es que no sé cómo explicártelo, es algo muy
difícil de asimilar.
-
Anda Marcus, ya
dímelo—me suplico con insistencia
-
Bueno es que ella
murió—dije al fin.
Cuando lo dije, Marie se soltó a llorar y se refugió
en los brazos de Carlos, en la abrazo para consolarla y tranquilizarla. Después
ella entre sollozos me pregunto.
-
¿Cómo fue? ¿Cómo
paso?
-
Por lo que se,
ella murió mientras dormía—respondí de manera vaga, de ahí ya no supe que más
decir.
-
¿Y Marina lo
sabe?—me pregunto
-
No, aun no le
digo nada, a eso iba cuando llegaron—le respondí.
Se secó las lágrimas—si quieres yo le digo—se ofreció.
-
No—le dije,
tomando aire—yo le digo, es mi responsabilidad
Entonces me dirigí a la habitación de Marina y la
encontré llorando en la cama.
-
Marina ¿Estás
bien?—le pregunte.
-
Si, si estoy
bien—me dijo mientras se secaba las lágrimas— ¿me venias a decir que mamá está
muerta? ¿verdad?
-
¡Aaah! Si, ¿Cómo
lo sabes?—le pregunte intrigado.
-
Eso no
importa—dijo sin tomarle importancia a lo que le dije—solo quiero que traigas
al doctor.
-
¿pero para qué?
Tú tienes que descansar—inquirí
-
Mira Marcus, tú y
yo tenemos un secreto que no le dijimos a mamá y además quiero despedirme de
ella.
-
Bueno está bien
ya, no tienes que sermonearme—le dije—tienes razón ahora mando a Marie por el
doctor—concluí y salí, le dije a Marie que buscara al doctor y me metí de
nuevo—ya está, ahora vuelve Marie con el doctor.
-
Gracias
Marcus—dijo al fin.
Esperamos por rato hasta que llego el doctor.
-
¿Qué paso Marina?
¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?—le pregunto
-
Ya mejor
doctor—le respondió al doctor—lo que le quería pedir es que me diera de alta
ahora mismo ¿si es posible?
-
Pero Marina ya te
dije que no te podía dar de alta sino hasta mañana, tiene que recuperarte—le
contradijo
-
Mire doctor,
usted no está para saberlo, pero nuestra madre murió hoy y quiero estar con
ella en su funeral.
-
Cuanto lo siento
por todos—dijo el doctor—deja ver qué puedo hacer, Marcus ¿puedes venir
conmigo?
-
Si doctor—dije y
lo acompañe.
Durante varios minutos vi todos los papeleos que
realizo y que me dio a firmar, los termine de firmar y el doctor me dijo:
-
Mira Marcus pasa
a pagar a caja y tu hermana quedara dada de alta mientras yo le digo a tu
hermana los cuidados que debe de tener con ella y la niña, y una vez más cuanto
lo siento y mi más sentido pésame.
-
Gracias doctor,
gracias por todo—le dije.
El doctor se fue yo me fui a pagar la cuenta; cuando
pague la cuenta del hospital, baje para ver al doctor que atendía a mi papá y
le pedí que si podría dar de alta; afortunadamente el doctor me dijo que ya no
podía hacer más y que su recuperación en casa era lo mejor. Pague la cuenta del
hospital de mi papá y subí por Marina.
-
¿Ya lista Marina?—le
pregunte al entrar.
-
Si ya desde hace
rato—me respondió, ella estaba en su silla de ruedas, los cuatros salimos o ya
más bien los cinco salimos de la habitación.
Bajamos por el elevador hasta que se detuvo en el piso
dos.
-
¿Por qué nos
detuvimos en este piso?—pregunto Carlos.
-
¡ah! Porque aquí
se encuentra nuestro padre, nada más lo voy
pasar a recoger—le respondí.
Salimos del elevador y yo me adelante para ir por
papá, llegue a la habitación y mi papá aún no estaba listo, le ayude a
arreglarse y mientras lo hacía le hablaba de muchas cosas. Termine de ayudarle
y salimos los dos, nos reunimos con los demás, a pesar de estar con la familia
lo notaba como ido, como fuera de realidad; los seis bajamos al
estacionamiento, parecía que todos iríamos en la camioneta de Carlos, sin
embargo yo tenía que arreglar todo para el funeral de nuestra madre, así que le
di las llaves de la casa a Marina para que entraran en mi casa, yo me subí a mi
carro, este fue el único momento que pude desahogarme y llorar por un largo
rato hasta que ya no salió lagrima alguna de mis ojos, no sabía porque Dios no
me había dado la oportunidad de poder decirle la verdad sobre su nieta, de
quien era y la razón porque no decíamos nada, sin embargo tampoco pude reprochárselo, porque no tenía
derecho a hacerlo. Después de terminar de llorar fui al forense, llene todas
las formas para poder trasladar el cuerpo de mamá, llame a un servicio funerario
que ya conocía, por la muerte de mi abuela hace seis años. Cuando todo estuvo
listo llame a la casa para avisarles en que funeraria se llevaría a cabo el
funeral. Lo primero que llego fue la corona de flores de la familia Ramírez,
después llego doña Julia, la suegra de Marie y una corona de la familia
Díaz-Flores; ya para entonces eran más de las cuatro de la tarde y todos
estábamos ya juntos. Sin embargo estaba preocupado porque pensé que a la hora
que mi papá viera el ataúd de mamá reaccionara, no sé qué llorara, que
estuviera pegado al ataúd, algo que me diera señal que estaba bien y lo único
que pude ver fue un gran sufrimiento en los ojos y en su rostro, así que me
acerque a Marie para platicar.
-
Oye ¿no ves a
papá raro?—le pregunte
-
No, yo lo veo
igual—me respondió
-
Ese es el
problema—le dije—sigue igual que cuando salió del hospital.
-
¿Y eso que tiene
que ver?—me dijo.
-
Pues que cuando
salió del hospital—le dije—se encontraba en shock y pensé que al ver el ataúd
de mamá el reaccionaría.
-
Bueno si lo vez
haci—razono—pues tienes toda la razón, pero también debes entenderlo, nuestra
madre fue su compañera por treinta años, y ahora nada más la pierde.
-
Tienes razón—le
dije—pero te dejo voy a buscar a alguien.
-
¿a quién?—me
interrogo
-
A Marina, nos
vemos—dije mientras me alejaba para buscar a Marina.
Busque a Marina, salí del salón principal y la
encontré en la entrada llorando, acerque a ella para platicar y me senté a su
lado.
-
Hola Marina ¿Por
qué llorando?—pregunte--¡Ah! Pero que pregunta si es obvio
-
¡Ay! Marcus, es
que ¿Cómo puedo ser tan feliz y tan desdichada en este día?—me confesó—me
siento terrible por no haberle dicho a nuestra madre la verdad.
La tome del brazo y la lleve a otra parte más
privada—los dos prometimos no decir nada a nadie, ni siquiera a nuestros
padres—le dije casi susurrando.
Ella se soltó y me dijo—si lo sé, por eso me siento
tan mal—dijo sollozando
-
Oye ninguno quiso
esto—la cuestione—pero paso y no podemos remediarlo
-
Lo sé y ese es el
problema—me respondió—no puedo dejar de sentirme fatal y culpable por lo
sucedido
Seguimos hablando por un largo rato y me perdí en la
conversación.
Estoy perdido en mis pensamientos no sé qué hacer,
estoy aquí sentado ante un ataúd, no sé porque nadie dice y habla nada sobre
nada, no entiendo porque toda la familia está aquí, nadie quiere decirme algo.
Me pare y me acerque al ataúd, quería ver de cerca
quien estaba dentro. Cuando me di cuenta quien estaba, quise gritar, no salió un
sonido de mi boca. Después sentí que todo se oscurecía y me dolía mucho el
brazo izquierdo, quise acercarme a una silla pero mis fuerzas me abandonaran.
Todo se puso oscuro, después no supe más de lo que
paso, después vi una luz y cerca de la luz vi a…
-
¿Diana?
-
Si Cesar, soy
yo—contesto
-
¿pero…tu…estas…?—dije
tartamudeando
-
Muerta, si lo
estoy—dijo serenamente
-
¿Entonces yo
también lo estoy?—dije casi en susurro
-
Si—respondió
-
¿vienes por mí?
¿verdad?
-
En realidad no,
vine para decirte que tienes que volver—me dijo serenamente—nuestros hijos te
necesitan.
-
Ellos ya son
mayores—dije casi llorando—ya no me necesitan.
-
Es cierto que son
mayores—me dijo—sin embargo no nada más son nuestros hijos, también está
nuestra nieta ella va a necesitar de su abuelo.
-
Tienes razón,
pero también va a necesitar a su abuela
-
No lo creo—dijo
sin alterarse—ella no me va a necesitar, porque siempre estaré con ella.
-
¿Por qué? ¿Cómo?
¿no entiendo?—dije consternado
-
Nuestra hija le
va a poner mi nombre—contesto.
-
Eso será
hermoso—le dije—pero entonces…
-
¿Qué? Mi amor.
-
¿no me puedo ir
contigo?—le dije susurrando
-
No amor, pero te
estaré esperando.
-
¿entonces tengo
que regresar?—le pregunte.
-
Si amor, quiero
que cuides a Marina es nuestra niña, la más pequeña y a nuestra nieta.
-
Está bien, lo
hare—le dije abrazándola.
-
Entonces aquí nos
despedimos, no es un adiós, es un hasta pronto—dijo mientras se alejaba
Yo trate de darle alcance pero me era imposible poder
hacerlo, lo único que paso fue que todo volvió a estar oscuro y lo único que
pude percibir las voces de algunas personas; no pude identificarlas todas, pero
si pude distinguir la voz de mi hija Marie y la de Carlos, después note la voz
de mi hijo Marcus y la de Marina, solo que no podía distinguir lo que decían.
Estaba tan al pendiente de lo que decía que me asuste
cuando nos interrumpió Marie.
-
Marcus ven, papá
se puso mal
-
¿pero qué
paso?—dijo Marina
-
Se desmayó y no sabemos qué paso—respondió mientras los
tres caminábamos rumbo al salón donde lo tenían.
-
Pero ¿Qué
paso?—le exigí
-
No lo sé, solo sé
que cuando lo vi, estaba llorando cerca
del ataúd y se derrumbó, el resto solo
él lo sabe.
-
¿y ya llamaron a
la ambulancia?—le pregunto Marina
-
Si ya lo hicimos—respondió—no
debe de tardar
Entramos al hall y vimos a papá tirado sobre un sofá
que estaba en el lugar. Carlos que estaba ahí asistiéndolo, él sabía que hacer
porque por algunos años fue paramédico de la cruz roja.
-
Carlos ¿Cómo esta
papá?—le pregunte
-
Se encuentra
mejor—respondió—pero siento que el desmayo que tuvo fue por un infarto, pero
solo se sabrá cuando lo lleven al hospital.
En ese momento llegaron los paramédicos, lo auxiliaron
y lo llevaron al hospital, yo me fui aparte en mi carro. Cuando llegue, el
cardiólogo de mi papá que era también su amigo hablo conmigo.
-
Mira Marcus, tu
papá tuvo un infarto al miocardio—me explico Antonio—ahora estará en
observación por dos días.
-
Eso me reconforta
mucho—le dije
-
Pero ¿podrás
decirme porque crees que le dio el infarto?—me pregunto—ya sabes que a tu papá
le dan por alguna razón acaso ¿Alguien de tu familia ha muerto? ¿verdad?
-
Si, tienes mucha
razón, murió…—hice una pausa casi sepulcral—…mi madre
-
¡Oh! ¡Cuanto lo
siento! Marcus—dijo casi sin aliento—pero ¿Por qué no avisaste? Sabes que soy
amigo de la familia.
-
Lo siento, pero
no dio mucho tiempo a avisar a nadie más—le dije—discúlpame Antonio
-
No te preocupes,
no te lo dije con afán de molestarte—dijo disculpándose—ni hacerte sentir mal.
-
Está bien—le
respondí—me gustaría que fueras, te lo digo en nombre de mis hermanas y mío.
-
Lo tomare en
cuenta—me dijo y se fue, y yo me quede un rato en la sala de espera.
Trate de localizar a un amigo, que también es
psicólogo y tanatologo; le marque a su celular, pero no me contesto, así que
marque a su consultorio.
-
Buenas tardes ¿se
encuentra el doctor Aristegui?—pregunte.
-
Si, ¿de parte de
quién?—respondió la secretaria.
-
De…un amigo—dije
-
Está bien, ahora
lo comunico—dijo, habiendo una pausa—bueno ¿Marcus?
-
Si, ¿Cómo
supiste?—respondí.
-
Porque eres el
único que no le dices tu nombre a mi secretaria—dijo riéndose--¿Qué? ¿Cómo te
ha ido?
-
Mal, muy mal—dije
suspirando profundamente.
-
Y ¿eso? ¿Qué
paso?—me pregunto
-
Bueno, no te
quiero decir por teléfono—le dije--¿puedes venir al hospital Santa Cruz?
-
Si, ahora salgo
para allá—colgó y yo me fui a la cafetería.
Mientras esperaba, recibí varias llamadas
principalmente del trabajo y una mujer extraña.
-
Buenas
tardes—dijo la mujer—es ¿usted Marcus Aguilar de la Cerda?
-
Si soy
yo—respondí.
-
¿hermana de la
señorita Aguilar de la Cerda?—pregunto.
-
Si—dije
secamente.
-
Le podría decir
que fue seleccionada como la nueva fotógrafa de la casa de moda “Cyndi´s”.
-
Sí, yo le
digo—dije, un poco incrédulo y no pude decir nada, mientras la mujer extraña
colgó.
“Nuca supe que Marie o Marina estuvieran buscando
trabajo, pero si sabía de quien podía esperar ser la fotógrafa, porque Marina en
las últimas semanas estuvo muy sospechosa y muy nerviosa cada vez que el
teléfono sonaba…” Mis pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de
Daniel.
-
Hola Mark ¿Cómo
estás?—dijo mientras lo recibía con un abrazo.--¿Por qué estamos aquí? ¿le paso
algo a alguien de tu familia?
-
Si, fue mi
papá—respondí—le dio un infarto.
-
Y esta vez ¿Por
qué fue?—dijo preocupado
-
Bueno tu y yo
sabemos que jamás le ha ido bien con las emociones fuertes—argumente.
-
Cierto—respondió--¿Quién
de tu familia murió? ¿tu mamá?
Esa fue una conjetura acertada, a mí solo quedo
asentir.
-
¡Oh! ¡amigo
cuanto lo siento! Sabes que estoy contigo—dijo dándome otro abrazo
-
¡Gracias! Eres el
mejor amigo que tengo—dije al separarme de Daniel—ya sabes que a mi papá ya le había
dado otros infartos similares a este y se recuperaba con facilidad.
-
Y lo va a ser
otra vez—dijo sereno—ya lo veras.
-
Si, solo que
porque tenía el apoyo y cuidados de mamá—dije con la voz entrecortada—pero
ahora que ella ya no está, temo que jamás se vaya a recuperar.
-
Mira, no digas
eso, tu papá se recuperara—dijo Daniel para animarme.
-
Sí, pero en esa
ocasión estaba mi mamá ahí para apoyarle—le cuestione.
-
Si pero ¿y sus
hijos?—me interrogo--¿no piensas ayudarle?
-
Claro que sí,
todos estaremos muy dispuestos a ayudarlo—respondí enojado.
Platicamos un buen rato en que se haría y que no y los
pasos a seguir después de que mi papá saliera del hospital. Hasta que dijo.
-
Solo que con tu
papá yo no voy a trabajar
-
Pero ¿Por qué?—le
pregunte.
-
Porque él ya me
conoce y no funcionara—argumento.
-
Y entonces ¿Qué
pasara?—cuestione.
-
El si será
tratado, pero no por mí—dijo—mira deja le hablo a una amiga ella puede que te
pueda ayudar—dijo mientras marcaba el número.
El hablo por algunos minutos y después colgó. Después
de cinco minutos de silencio vi llegar a una mujer muy hermosa que deje de
pensar en otra cosa que no fuera su belleza sin embargo ella se sentó en una
silla cerca de la mesa en donde nos encontrábamos.
-
¿a qué hora crees
que vaya a llegar tu amiga?—pregunte un poco desesperado
-
¡ah! –dijo
buscando con la vista por la cafetería hasta que dijo—Jenny ven—dijo mientras yo volteaba, cuando vi que cuando
dijo el nombre, la mujer que había llegado hace cinco minutos se paraba del
asiento, y se acercó a la mesa—mira ella es Jennifer Heredia, es tanatologa y
psicoterapeuta; y Jenny—dirigiéndose a ella—él es Marcus Aguilar de la Cerda es
hijo de tu nuevo caso.
-
Mucho gusto—dijo
ella extendiéndome su mano.
Yo no podía responder, no reaccione a su saludo estaba
pasmado con lo hermosa que era, y ahora que la tenía tan cerca estaba más que
nervioso como nunca lo había estado en mi vida. Ella era tan bonita y tenía una
sonrisa hermosa, pero lo que hizo que me perdiera fue su mirada, lo único que
logre pensar fue ¿tendrá novio? O ¿esposo?
-
Mucho
gusto—repitió ella.
-
Eh si, si mucho
gusto—dije tartamudeando.
-
Y no tengo ni
novio ni esposo—dijo ella.
-
Ah, y se me
olvido decirte que ella es como el doctor de Lie To Me—intervino Daniel al ver la expresión de mi cara
Estuvimos hablando de cómo estaba mi papá y del
tratamiento que llevara y los pasos que debemos ver que mi papá lleve y
apoyarlo. Platicamos otro rato más y después de despedirme de Daniel, lleve a
Jenny a conocer a mi padre, por desgracia estaba dormido y no lo pudo conocer
ella se quedó conmigo otro rato y dijo que vendría mañana a la misma hora. Ella
se fue alrededor de las nueve de la noche, yo por otro lado me quede con él y a
veces hablaba entre sueños como “Amor no me dejes…Diana quédate conmigo…Qué
hare sin ti…” y muchas otras cosas. Me quede con él hasta las tres y media de
la madrugada, después me fui a la casa, me cambie y me fui al funeral para
después ir al entierro. Mis hermanas me preguntaron cómo estaba mi papá y les
conté todo lo que me dijo Antonio y también les dije que le hable a Daniel.
-
Pues era obvio
que papá se pusiera así—dijo Marie—el todavía no acepta que mamá murió. Puede
que, cuando se paro y vio en el ataúd a mamá, eso lo impresiono demasiado.
-
Tienes mucha
razón Marie, supongo que por eso llamaste a Daniel—dijo Marina.
-
Si para que nos
ayude a todos, todavía no acepto que ella murió—dije.
-
Tienes razón
cuñado—dijo Carlos—yo tampoco y sabes que quise a tu mamá como a una segunda
madre.
-
Gracias Carlos
tienes razón, y también ella te quería como a un hijo—dijo Marie.
Después yo cambie el tema de forma radical—a pesar que
no es el momento pero Marina te tengo que decir que te hablaron de la casa de
moda “Cyndi´s” y te eligieron como su fotógrafa—dije dirigiéndome a ella para
poder felicitarla—pero ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué no nos dijiste?—dije
con tono de reproche
-
Disculpa, pero
quería que fuera sorpresa—dijo disculpándose—pero parece ser que la sorprendida
fui yo, pero muchas gracias solo que la noticia no la esperaba tan pronto.
-
Pues no sé,
parece ser que no pudieron localizarte—dije con tono de disculpa por lo que le
dije.
Después del entierro todos nos fuimos al hospital para
ver a papá, casi todos se quedaron menos Marina, ya que necesitaba descansar
después de una larga noche. Por la tarde Marie, Carlos y su madre Julia se
fueron también, yo solo me quede para poder esperar Jenny. Después de un poco
más una hora llego Jenny.
-
Hola, disculpa
por la tardanza, pero hubo unas cuantas
cosas que se me cruzaron en el camino—dijo disculpándose conmigo—perdón por no
avisarte ¿estuviste esperando demasiado?
-
No demasiado, no
importa, con que estés aquí es lo más importante—dije con tono despreocupado.
-
Si discúlpame,
debí avisarte, ¡lo siento!—dijo otra vez.
-
Ya no te
preocupes todo está olvidado, pero siéntate tengo que decirte algunas
cosas—dije invitándola a sentarse junto a mí.
-
Muchas gracias
solo que no tengo mucho tiempo—dice al sentarse junto a mi
-
¿y eso? ¿Por
qué?—pregunte interesado por u respuesta.
-
No por nada,
después te cuento—dijo un poco cortante—ahora si ¿Qué me ibas a decir?
-
Bueno, le dije a
mis hermanas que le hable Daniel—le respondí.
-
Y bueno ¿Qué
paso?—pregunto interesada.
-
Buenos solo les
dije que él nos ayudaría a salir de todo esto—dije y luego suspire—solo que no
les hable de ti.
-
¿Por qué?—dijo de
manera inquisitoria.
-
Bueno pues porque
aun no les digo todo lo que me dijo Daniel sobre que él no podría ayudarlo—dije
un poco apenado.
-
Este bien tienes
razón, pero entonces ¿Cómo les vas a decir que yo lo voy a atender?
-
Pues mañana sale
mi papá y me gustaría que estuvieras aquí—le respondí—para que así mis hermanas te conozcan.
-
Ok me parece
buena idea—dijo expectante—entonces mañana nos vemos, pero ¿a qué hora? Y
¿Dónde?
-
A las diez y
media de la mañana aquí en el hospital para que le conozcas.
-
Ok, entonces
mañana te veo—dijo mientras tomaba su bolso y le alistaba para marcharse.
-
Oye no te puedes
quedar—le dije suplicante—hasta si quieres te llevo a donde quieras
-
No la verdad no
puedo—dijo Jenny—pero mañana nos vemos—dijo mientras ella se iba.
Yo me quede ahí mientras pensaba que era lo que tenia,
pues me intrigaba mucho el cómo su mirada me cautivaba demasiado. Después de
eso, el resto de la tarde paso sin ningún contratiempo, no tuve ninguna
llamada, me fui casa a descansar, en mis sueños solo veía a Jenny, eso me dio a
entender que me había enamorado de ella, no podía dejar de pensar en ella, solo
que soy un poco miedoso en lo que al amor se refiere, ya que de mi última
relación salí muy lastimado y me dejo un gran hueco en el corazón, a la mañana
siguiente me levante muy temprano para poder pasar a recoger a mi papá. Ahí me
di cuenta que Jenny era la mujer más maravillosa del mundo, porque ella pago la
cuenta y estaba hablando con mi papá, me quede ahí parado por algunos minutos
contemplando la escena. Luego de esperar el tiempo pertinente me acerque a
donde ellos estaban.
-
Hola amor—dijo
Jenny y me recibió con un beso— ¿Cómo has estado?
-
Bien—dije atónito
a como ante el recibimiento—amor ¿Cómo amaneciste?
-
Bien también—dijo
abrazándome y tomándome de la mano.
-
¿y qué
hacen?—pregunte.
-
Pues tu novia me
estaba diciendo que llevan varias semanas juntos—respondió papá--¿Cuándo me lo
pensabas decir?
-
Bueno papá—dije sorprendido por su pregunta—te
lo pensaba decir cuando estuviéramos seguros de lo que sentíamos.
-
Si, fue lo que le
dije a tu papá—me tercio—pero creo que ya era hora para decirlo ¿no? ¿verdad
amor?
-
Si tienes razón,
disculpa papá—le dije
-
¡Ay! Hijo no te
preocupes—dijo parándose de la silla y dándome un abrazo.
-
Amor acompáñame,
el doctor me dijo que cuando llegaras fueras con él, para que firmaras unos
papeles y se diera la salida de tu papá—me dijo Jenny.
-
¿Y no dijo nada más?—le
pregunte.
-
No, no me dijo
nada más—respondió.
-
Bueno papá ahora
vengo—dije.
-
Te acompaño—dijo
Jenny.
Yo solo asentí y camine hacia el consultorio de
Antonio. Solo que a medio camino me detuve.
-
Oye dime ¿Qué fue
lo que paso allá atrás?—le pregunte consternado.
-
¡Ah! Eso, es que
fue la única forma que se ocurrió para poderme acercar a tu papá sin causar
sospecha alguna—respondió—porque si más no recuerdo Daniel se acercó a la familia
como amigo de tuyo, y supuse que si hacia lo mismo él podría sospechar mis
intenciones ¿o qué? ¿Te molesto?
-
Sí, bueno no,
solo que me pudiste haber dicho antes—le dije—solo para estar preparado.
-
Tienes razón—dijo
sonriendo—para la otra lo pensare y te avisare.
Después de eso, volvimos a donde estaba mi papá y nos
lo llevamos. Cuando llegamos a la casa ahí ya se encontraban mis hermanas, mi
cuñado y su mamá. Cuando vieron llegar Jenny la presente como mi novia, mi papá
hablo poco y después pidió que lo llevaran a descansar, y lo lleve a la que sería
su habitación. Cuando baje la primera que me pregunto que si Jenny de verdad
era mi novia fue Marina. A ella no podía mentirle, me conocía muy bien y les
dije que ella era la psicoterapeuta de mi papá, pero que él no debía saberlo
hasta que ella ya lo de su alta. Todos entendieron y aceptaron todo lo que ella
les dijo.
Después de eso Jenny iba a la casa casi todo los días,
principalmente en la noche y generalmente cuando yo no estaba, pues ella tenía
que realizar su trabajo. Al principio le pagaba por sus servicios, pero después
de algunos meses ella ya no quería aceptarlas, lo cual no entendía, entonces
decidí enfrentarla en su departamento.
-
Hola Jenny—dije
al llegar a su departamento
-
¡ah! Hola—dijo
muy indiferente— ¿Qué paso?
-
Pues venia a
hablar contigo—dije al notar su indiferencia
-
¿sobre qué?—me
contesto de igual forma.
-
Pues Jenny, ya
van varias mensualidades que te envió a tu consultorio y me las regresas—dije con
la poca indiferencia de la que fui capaz.
-
¡Ah! Por eso,
pues no sabía que eran tuyos y lo mejor que hice fue regresarlos—siguió con
indiferencia.
-
Haber Jenny ¿Qué
te pasa?—dije ya enojado.
-
¿Qué me pasa de qué?—dijo
consternada.
-
Pues ha estado
muy indiferente conmigo en las últimas semanas—dije con un poco más de calma—y
no te entiendo, se supone que somos amigos ¿no debe haber confianza entre
nosotros?
-
Si, discúlpame
pero he estado un poco estresada—dijo un poco apenada.
Estoy en mi consultorio esperando a mi próxima cita, estoy
algo estresada porque no he podido ver a mi familia y eso me pone de malas.
Estaba sentada frente a la ventana cuando sonó mi teléfono.
-
Bueno… ¿si?...
¡Ah! Daniel ¿Cómo estás?… ¿Qué paso? ¿para qué me querías?... ¡Ah! Entonces ¿quieres
que te ayude?... ¡Ok! ¿Dónde te veo?...entonces ahí te veo… ¡no! Gracias a
ti…hasta luego.
Después de colgar entro la Sra. Díaz, solo que le dije
que no podía atenderla que me había surgido un problema, pero que la atendería
para la próxima semana. Tome mis cosas y salí del consultorio y baje al
estacionamiento, tome mi carro y salí rumbo al hospital, no entendía porque
Daniel me había pedido ir a un hospital, aunque por lo que pude entender era
que tenía un nuevo caso para mí; Daniel era muy bueno conmigo, cuando salí de
la facultad de psicología, el me apoyo y me paso algunos casos que él no podía
atender. Eso me dio mis primeros trabajos y de ahí no he podido parar con
nuevos casos, el casi siempre me pasa casos que él no puede atender por diversos
motivos, en este caso creo que por la amistad que él tiene con la familia.
Llegue al hospital y subí por cada piso buscando en
las cafeterías de cada piso, hasta que me detuve en el sexto piso donde vi a mi
amigo de espalda, con un muchacho muy apuesto entre a la cafetería, camine lo más
lento posible, me di cuenta que el no perdía detalle de cada movimiento eso me
hizo sentir muy bien, porque sabía que le gustaba, al igual que él me había
gustado a mi desde que lo vi. Me senté en una mesa que quedaba enfrente de mi
amigo; Después de cinco minutos alcance a escuchar como el amigo de Daniel
preguntaba por mí y a qué hora llegaría, después de fingir buscarme, me hablo y
me presento con su amigo, ahí supe su nombre; “Marcus” ese nombre que
ahora estaría grabado en mi mente y que jamás querré que salga de él, después
el me presento y yo lo salude, dos veces pues parecía que había causado una muy
buena impresión que el hombre se había quedado sin habla, después observe su
mirada, que preguntaba si tenía novio o esposo, aunque no estoy casada, si
tengo novio, pero por alguna razón dije que no, eso me dejo un poco ofuscada y después
de tanto hablar me despedí de Daniel y me quede otro rato hablando con Marcus,
después de mucho hablar y de un intento fallido de conocer al padre de él, que sería
mi nuevo paciente, me despedí de Marcus sin ganas de hacerlo.
Al siguiente día me levante temprano para ir a mi
consultorio y poder cumplir con mi agenda de hoy, solo cancele las citas de las
cinco de la tarde en adelante para poder ir al hospital. Hasta que recibí la
llamada de mi novio.
-
Hola mi amor—dijo
Salvador muy cariñoso
-
¡ah! Hola ¿Cómo estás?—pregunte
sin mucho afán de hacer platica.
-
Quería hablar
contigo—dijo con el mismo tono.
-
Yo también —dije
un poco cortante.
-
Ok ¿puedo ir a tu
casa?—pregunto.
-
Sí, pero bueno
puedes ir como a las ocho de la noche—le dije.
-
Me parece bien
entonces ¿a las ocho?—dijo con un tono menos cariñoso.
-
Este bien ahí te
veo—dije y colgué.
Esto ponía un pequeño obstáculo para mí, quería quedarme
con él un poco más, sin embargo tengo que arreglar esta situación. Llegue con
Marcus y hablamos poco, me dijo que quería que mañana estuviera con él, para
conocer a mi “suegro”, bueno ese fue un pensamiento que corrió por mi
pensamiento, y que después de eso conocería al resto de la familia. Después de
esa plática, tenía que irme para poder resolver mi vida, entre a mi
departamento y encontré a mi novio.
-
Hola amor ¿Cómo estás?—dijo
al verme entrar y me recibió con un beso.
Yo no pude reaccionar, pero tampoco le correspondí.
-
¡ah! Bien—dije al
separarme de él siendo lo único que pude decir. Tome un pequeño respiro para
poder continuar—entonces ¿para qué me querías?
-
Bueno pues quería
hablar contigo—dijo un poco serio y camino rumbo a donde estaba la cocina y yo
lo seguí por instinto, cuando estaba lo suficientemente cerca el encendió las
luces y me di cuenta de que había preparado toda una cena para los dos.
-
¿Qué es todo
esto?—dije pasmada ante la escena.
-
Bueno, esto es
parte de lo yo quería hablar contigo—me contesto—sabes tenemos más de dos años
y medio juntos y para mi es hora de sentar cabeza y madurar—dijo mientras él
tomaba una pequeña caja—mira hace algunas semanas estuve pensando en cómo podía
pedirte esto, sin embargo te puedo decir que aunque más lo pensaba, más estaba
convencido de lo que quería, haci que ahora en este momento te puedo pedir algo
¿quieres casarte conmigo?
Estas últimas palabras las escuche como un susurro no
podía entenderlas o no quería entenderlas. Después de pensarlas y analizarlas
pude articular solo algunas palabras.
-
¡Eh! Me Tomás por
sorpresa—dije al tomar un segundo respiro—pero no puedo aceptarlo. Mira no eres
tú, es que no estoy segura de querer hacerlo, es muy duro para mi decírtelo
pero yo no te amo.
-
Pero…Jenny yo te
amo—dijo algo ofuscado por su respuesta--¿en que falle? Dime por favor yo
quiero estar contigo.
-
Lo es y lo siento
tanto pero yo no te amo—dije un poco más tranquila—eres un hombre
verdaderamente maravilloso y te mereces a una mujer que te ame y que quiera
estar contigo en cuerpo y alma, yo no puedo hacerlo.
-
¿Por qué? Acaso
¿hay alguien más?—pregunto pero ya un poco alterado.
-
No, no lo hay,
pero aunque lo hubiera no te mereces que te engañe—dije alejándome de él—cuando
tu nunca lo has hecho, siempre estaré agradecida contigo por ser tan sincero y tú
te mereces a alguien igual que a ti.
-
Entonces esto ¿es
un “adiós”? ¿verdad?—pregunto más tranquilo, pero triste.
-
No, si tu quieres
ser mi amigo—le respondí con una sonrisa.
-
Me sería muy
difícil estar cerca de ti, siendo solo tu amigo—dijo tomando un poco de
aire—tal vez sea para después.
-
Lo siento mucho
Salvador—dije un poco con un tono más compasivo—desearía no haberte hecho
sufrir de este modo.
-
No te
preocupes—dijo ya más tranquilo y con una mirada triste y desolada—ten en
cuenta que siempre ocuparas un lugar muy especial en mi corazón y en mi vida.
-
Gracias, solo
gracias es lo que puedo decir por todo lo que me diste—dije más esperanzada que
él había aceptado mi decisión—me gustaría volverte a ver algún día.
-
Algún día ¿tal
vez?—dijo se despidió de mi con un beso y salió de mi casa.
Después de esa platica y de lo que creo que estoy
sintiendo por Marcus, voy a hacer algo diferente con el tratamiento de su papá.
A la mañana siguiente me levante muy temprano para ir
al hospital y poder llegar a tiempo, después de ducharme me cambie y fui al
hospital. Al llegar me di cuenta de que Marcus no había llegado, haci que fui a
caja para ver si ya todo estaba cubierto, pero no, entonces yo pague todo y firme lo que hacía falta. Fui
al cuarto del señor Aguilar y para mi buena suerte él estaba despierto.
-
Señorita ¿Cuándo
me voy a poder ir?—dijo de manera un poco insistente.
-
Ahorita
señor—dije sonriente.
-
Qué bueno
señorita, ya me estaba cansando de estar acostado—dijo sonriente parándose
rápido de la cama—aunque parase ser que no la he visto ¿cierto?
-
Eso es cierto, de
hecho no soy enfermera—dije de manera pausada—soy…la novia de su hijo me llamo
Jenny
-
¿novia de mi
hijo?—dijo desconcertado—él nunca me dijo nada…bueno el ya no me dice nada
sobre nada en los últimos meses.
Después de eso hubo un silencio un poco incomodo, y pensé
lo que le había dicho y ya era demasiado tarde como para corregirlo.
-
Bueno, ¿Jenny?
¿cierto?—dijo de manera cortes y yo solo asentí de manera afirmativa--¿desde cuándo
son novios?
-
Bueno—hice una
pausa—desde hace como dos meses, más o menos.
-
¿y cómo fue?
¿Cómo se conocieron? Cuéntamelo todo—me pregunto insistente.
-
Fue raro la
verdad, estuve casi a punto de atropellarlo—dije con tono penoso, para que no
se notara mucho que está mintiendo, para mi fortuna llego Marcus y no tuve
continuar con la “historia”, a pesar
de que salude de manera muy cariñosa a como si de verdad fuésemos novios, lo
que me sorprendió fue que el correspondió a mi beso.
Después de eso nos llevamos a su papá a su casa y me
quede con ellos un rato, también conocí a sus hermanas, las dos eran muy
guapas, solo que la más chica de nombre Marina me llamo la atención tenía una
mirada que me dejo pasmada y que no quería dejar de mirar.
Esa misma semana inicie el tratamiento con Cesar, y
pues me caía muy bien, me ponía muy triste cada vez que lo hacía recordar cómo
era la vida con su esposa. Iba a su casa dos o tres veces por semana
generalmente cuando Marcus no estaba, la pasaba muy bien platicando con él. Marcus
por otro lado cada mes me mandaba un cheque por mis servicios, en un principio
los aceptaba de buena gana, ahora ya no me siento tan a gusto de aceptarlos,
así que se los he regresado, espero que un día venga a pedirme explicaciones de
por qué lo hago.
Ahora estoy esperando sentada leyendo “twelve”, cuando
sonó el timbre.
-
Te conozco
Jennifer Heredia ¡a ti te pasa algo!—dije más serio y con un poco de enojo.
-
No tengo nada,
¡NUNCA EN TU VIDA ME VUELVAS LLAMAR POR MI NOMBRE COMPLETO!—dijo Jenny muy enojada.
-
Ya pues, pero te
conozco y sé que te pasa algo—dije para que se
calmara.
-
¡Bueno si me
conoces tanto como dices! Entonces dime ¿Qué es lo que tengo?—pregunto con
rabia.
-
Pues no sé, no sé
qué es lo que te pasa para serte sincero—dije resignado—pero sé que te pasa
algo, sabes que cuentas conmigo, ¿Qué acaso no somos amigo?
-
Sabes, eso me
enferma ¿Qué me consideres tu amiga?—dijo un poca más serena— ¿Qué acaso no te
das cuenta de algo?
-
¿de qué quieres
que me dé cuenta?—dije consternado por su pregunta
-
Acaso ¿eres tan
ingenuo o tan idiota? Para no darte cuenta de lo que tienes—dijo ya
desesperada.
-
Pues si te
explicas un poco mejor quizás pueda entender lo que te pasa.
-
¿quieres saber
verdaderamente lo que te pasa?—dijo un poco más tranquila—es que estoy enamorada,
estoy completa y estúpidamente enamorada de ti ¿Qué acaso no te habías dado
cuenta?
-
La verdad sí,
pero esto no puede ser—dije un poco aturdido.
-
Y ¿Por qué
no?—dijo ya más tranquila.
-
Pues porque no
había razón como para que tú me ames—dije con mayor tranquilidad—yo tan simple
y tu tan extraordinariamente hermosa, talentosa y…
-
Calla por
favor—dijo interrumpiendo de manera intempestiva—yo te amo la pregunta es ¿tú
me amas?
-
Claro que si,
como no hacerlo eres la mujer más hermosa que más amo en este mundo—dije
acercándome más a ella, lo que me tomo por sorpresa fue que ella me beso.
Fue el beso más maravilloso que pude haber recibido
por la mujer que amaba y que tanto espere, y por lo que veo ella también lo
había esperado por seis largo meses. Después de esa noche, ella se convirtió en
mi novia y los dos estuvimos juntos esa primera vez.
Mi familia supo de lo nuestro hace tres semanas
después y todos estaban muy felices por mí. Desde entonces pasábamos mucho
tiempo juntos y tenía que arreglárselas con las sesiones de mi padre. Después
de un año Jenny me dijo que ya había dado de alta a mi padre, entonces le dije.
-
¿No sería hora de
decirle la verdad a mi papá sobre…?--dije cuando a la sala entra mi papá.
-
¿la verdad sobre qué?—pregunto
inquisitivo—y no me digas mentiras.
-
Bueno te tenemos
que decir que...—dije haciendo una pausa—...que Jenny y yo somos novios.
-
Buenos eso ya lo sabía—respondió.
-
No papá, cuando
la conociste ella no era mi novia, ella te dijo así porque.
-
Bueno Cesar le
dije eso porque fue la única forma que se me ocurrió para acercarme a usted sin
levantar sospechas—dijo Jenny—yo soy psicoterapeuta y todos estos meses usted
estuvo en sesiones conmigo para superar la muerte de su esposa para eso me
contrato su hijo, sin embargo desde que lo conocí no pude dejar de pensar en él
y pues estuve esperando que él me dijera algo, pero tiene un hijo muy
testarudo—dijo Jenny riéndose.
-
Si, si hija
tienes razón es muy testarudo—dijo también riéndose—sabes también sospechaba
que no eras su novia desde ese día por lo mismo—dijo otra vez riéndose—lo que
si puede tener es muy buen gusto pues no pudo elegir mejor mujer que tu.
-
Gracias
Cesar—dijo dándole un abrazo muy efusivo.
-
Eh gracias
papá—dije un poco sorprendido
-
¡Ah! Es que desde
hace meses él me dijo que lo tratara de más impropiamente y pues haci lo hago—dijo
respondiéndome por la expresión de mi rostro ante lo que había vistos.
-
Además—tercio mi
padre—yo la quiero como a una hija.
-
Bueno ¡ya!—dije
al comprender—entonces ¿no estás enojado?
-
No, claro que
no—dijo sonriéndome—además como dije ya lo sospechaba.
Esa misma tarde le dije a mis hermanas que nuestro
padre había sido dado de alta. Después de esa tarde y por la noche me quede
hablando con Marina.
-
Hola ¿Qué
haces?—pregunte al ver que está viendo un montón de fotos.
-
¡Ah! Hola, es que
estoy viendo cuales fotos son las que están mejor para la campaña para la
temporada primavera-verano 2013 y como he tomado muchas fotos, tengo que elegir
entre todas estas modelos las mejores fotos, pero es muy difícil elegir.
-
Si lo sé, todas
son tan hermosas y te debe de costar mucho trabajo—dije al ver todas las fotos,
aunque la mayoría son de una sola modelo.
-
Si—dijo esbozando
una pequeña sonrisa—bueno si es difícil porque tengo muy poco tiempo.
-
Oye ¿y ella quien
es?—pregunte señalando una de las fotos.
-
Ella, bueno ella
se llama Lune—dijo casi tartamudeando.
-
¿Es nueva? ¿verdad?—pregunte.
- Sí,
pero te tengo que decir algo—dijo pero ya un poco más seria.de: valdez roa
No hay comentarios:
Publicar un comentario