jueves, 24 de mayo de 2012

Simplemente (1)


Alguna vez habías pensado ¿Por qué los grandes cambios suceden con una muerte, un nacimiento o con una boda? O ¿Por qué estos eventos suceden cuando hay un cambio verdadero en la forma de vivir?, pero supongo que nadie ha visto o vivido estos tres eventos de manera continua o al mismo tiempo y el mismo día. Sin embargo les puedo decir que aunque increíble que parezca yo lo viví hace ya veinticinco años, en un día agradable de junio esto sucedió. Me falto presentarme mi nombre es Marck por Marcus ahora tengo cincuenta y un años, soy el mayor de tres hermanos y siendo el único varón, mis hermanas Marie y Marina de cuarenta y seis y cuarenta y tres años respectivamente.Era un hermoso día de finales de primavera, mis padres Cesar y Diana, se encontraban en casa como todos los días desde hace cinco años, pues se habían retirado y estaban disfrutando de su vejez.

-     Amor ¿Por qué no vamos a ver a Marina?—pregunta mi mama— ¿ya le debe faltar poco para dar a luz?
    -     Ya te dije que no y no sigas insistiendo—dijo papa tajante.

-     Pero Cesar, es nuestra hija y deberíamos estar con ella—le espeto.

-     Si Diana, pero ella se lo busco, que aprenda a hacerse responsable—dijo cortante y salió de la habitación para ir al baño.

Mientras tanto Marina estaba en el hospital Balbuena, en el quirófano en labor de parto, yo me encontraba con ella pues su novio no se quiso hacer cargo, y yo estaba ahí para apoyarla, moralmente claro.

-       Puja linda, puja, ya falta poco—le decía el Doctor—un poco más, ya casi.

  -       Vamos hermanita, da tu último esfuerzo—la animaba—hazlo por tu bebe.

Ella dio su último esfuerzo, y me di cuenta porque me apretó muy fuerte mi mano. En ese momento el Doctor dijo:

-       Ya nació, es una hermosa niña—finalizo, enseñándosela a mi hermana, que aunque exhausta sonrió al verla.

El doctor se la entrego a la enfermera y se la llevo, para luego regresar y entregársela a Marina que no pudo más que llorar de la felicidad que sintió al verla y poder sentirla tan cerca de ella.

-       No puedo creer tan pequeña, tan hermosa y tan mía—dijo al fin esbozando un débil sonrisa que ilumino su rostro.

-       Si hermanita, es muy bonita, y ¿Cómo se llamara?—pero me interrumpí— ¡ay! disculpa pero tendré que dejarlas solas unas horas.

-       ¿Por qué?—hizo una pausa- ah sí, la boda de Marie, anda pues ve, y dile que me disculpe por no ir, pero que estaba recibiendo el paquete más importante de mi vida—riéndose y haciéndome reír.

-       Si yo les digo, no te preocupes y recupérense las dos, en hora y media vuelvo—le dije saliendo del quirófano, me dirigí hacia la iglesia del Sagrado Corazón.

Esperando en la iglesia estaba Marie, Julia y demás invitados.

-       Marie ya tranquilízate, ya llegaran no te preocupes—le dijo Julia su suegra—además mi hijo todavía no llega

-       Sí, pero quedaron de pasar por mi muy temprano—dijo Marie muy nerviosa—y no me han hablado, y eso me está poniendo muy nerviosa.

-       Tranquila ya te hablaran—dijo Julia tratando de calmarla.

Hubo un largo silencio y después de un par de minutos sonó el teléfono.

-       Ya ves que te dije—le dijo Julia.

-       Si permítame… ¿bueno?—contesto Marie.

-       Marie soy yo, Marck—le dije a Marie sin esperar respuesta de ella—voy llegando, pero dime ¿Qué aun no ha empezado la misa?

-       No, aun no pero apúrate—me dijo Marie y colgó.

-       ¿y qué te dijo?—le pregunto Julia

-       Que ya viene para acá—dijo al fin

Sin embargo nadie se imaginaba lo que estaba pasando en la casa. Mientras mi papá se fue a bañar, mi mamá se quedo dormida. Mi papa salió y se arregló para salir a correr, entro a la habitación,

-       Amor ¿ya estas lista?...—se detuvo al verla en la cama acostada decidió no molestarla. Se sentó a lado de mamá y hablo en voz baja.

“Ay cariño no me gusta enojarme contigo, tal vez cuando despiertes te llevare a ver a Marina, y tienes razón es nuestra hija y tenemos que estar con ella si ese desgraciado no quiso hacerse cargo de nuestra hija y nuestro nieto”

Se paro y salió de la casa como todos los días para correr; a pesar de la edad que tenia estaba con una buena condición. Como siempre se fue al parque y realizo su rutina como siempre corriendo; al terminar se regresó a la casa, subió a la habitación para comprobar si mama estaba despierta, como la vio acostada, decidió bajar a la cocina para preparar el desayuno. Cuando lo termino de preparar el desayuno.

-       ¡Amor! ¡corazón! ¡ya levántate!—dijo mi papá dejando a un lado el desayuno—Amor levántate te traje el desayuno.

Tratando de despertarla, la movió un poco, al ver que no reaccionaba se puso muy nervioso y llamo por una ambulancia.

-       ¿bueno?, si necesito una ambulancia… ¿lugar?...si es calle Juárez numero noventa colonia…está bien aquí los espero.

Colgó y siguió tratando de animarla. A los diez minutos sonó el timbre, al cual fue corriendo lo más rápido que pudo para abrirles.

-       ¡Qué bueno que llegaron! Pásenle, es por aquí—dejándolos pasar y guiándolos

-       ¿desde a qué horas a estado así?—pregunto uno de los paramédico.

-       No lo sé, no lo sé—respondió papá—tal vez desde hace dos horas o dos horas y media, no sabría decirle, yo me fui a correr como todos los días.

-       Bueno señor no se preocupe—dijo el otro paramédico como para tranquilizarlo–haremos lo mejor posible por su esposa.

Durante algunos minutos los paramédicos le tomaron el pulso y le dieron respiración de boca a boca, pero al darse cuenta que no podían hacer nada dejaron de esforzarse y la taparon con la sabana.

-       ¿pero qué hacen?—dijo mi papá destapándola--¿Qué no piensan ayudarla?

-       Lo sentimos mucho señor, pero su esposa está muerta—dijo uno de los paramédicos—nosotros ya no podemos hacer nada por ella

-       ¡No! ¡por favor!, tú no te puedes morir—dijo mi papá—no me puedes dejar solo, tú no te puedes morir y dejarme.

-       Señor cálmese que tendremos que llevárnosla—dijo el otro paramédico.

Mi padre mientras tanto no escucho de forma clara lo que los paramédicos  le decían, él se quedó a lado de la cama.

-       ¡Por favor! Diana no me dejes—decía mi papá acariciándole la mano—ándale chiquita despierta, abre esos ojos hermosos.

Así siguió por más de media hora y mi padre no se quería apartar. Los paramédicos tuvieron que quitarlo, para poder llevarse el cuerpo de mi madre, y a mi padre le dieron un tranquilizante para calmarlo y también se lo tuvieron que llevar al hospital.

Todo esto acontecía, mientras se llevaba a cabo una boda.

-       Oye por poco y no llegas—dijo Marie al verme—pero ¿Y Marina? ¿Dónde está?

-       Bueno ella me dijo que te dijera que no podría venir—le dije—porque recibió el paquete más importante de su vida

-       ¿Cuál paquete? ¿no entiendo?—me dijo Marie, sin entender nada sobre la broma de Marina.

Yo le iba a explicar lo que le dije, pero doña Julia me interrumpió

-       Bueno hija, es obvio es que ya dio a luz tu hermana—le dijo riéndose— ¡Ah! pero que hermanita tan ocurrente.

-       ¿Cómo? ¿ya tuvo su bebe? ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Qué fue?—haciéndome tantas pregunta que me abrumo con tanta euforia e histeria a la vez.

-       Ya Marie tranquilízate—le dije—si ya dio a luz, está bien, muy bien las dos…

-       ¿las dos?—dijo interrumpiéndome--¿fue niña?

-       Si, fue niña—le respondí—y esta hermosísima, pero enfócate, te tienes que casar

-       Pero, quiero ir a verlas—me espeto

-       Más tarde las podrás ir a ver—le prometí

-       Entonces deja le digo al padre que ya puede empezar la ceremonia—dijo doña Julia

-       Si está bien—le dijo Marie

Todos entraron, menos nosotros, bueno al único que no vi afuera fue a Carlos, supongo que él se encontraba adentro; y si él ya estaba al pie del altar, esperando a mi hermana, y me puse a pensar que quien debería entregar a mi hermana era mi papá, quien no estaba de acuerdo y me acuerdo de aquel día.

“Era una mañana en la casa de mis padres cuando llegaron Marie y Carlos para hablar con papá.

-       Papa Carlos y yo queremos hablar contigo—le dijo Marie a papá mientras entraban y se sentaban los dos

-       ¿y de que quieres hablar hija?—pregunto papá contrariado

-       Bueno señor—dijo Carlos interrumpiendo a Marie—de lo que queríamos hablar con usted, y es que queremos que nos de su bendición.

-       ¿Mi bendición? ¿Por qué? ¿acaso se quieren casar? ¿verdad?

-       Bueno papá Carlos y yo le hemos estado hablando, y si es eso lo que queremos—concluyo Marie

-       Pero, ¿Por qué? ¿acaso estas embarazada?—especulo papá

-       ¡Ay! Papá, no ¿cómo se te ocurre?—le espeto—simplemente nos queremos casar.

-       Si hija, pero son muy jóvenes aun, como para saber lo que ustedes quieren

-       Sí, pero él y yo nos queremos, más bien nos amamos y queremos estar juntos, yo ya quería que me entregara el anillo, pero él quiere tu aprobación—contesto Marie—y por eso estamos los dos aquí para que nos des tu bendición.

-       Hija ¿Por qué no esperan unos años, al fin y al cabo son jóvenes y tienen todo el tiempo del mundo por delante

-       Papá, el tiempo no es lo que nos preocupa, ni la edad—dijo de manera tajante

-       Pues si no son capaces de esperar, no tengo por qué darles mi bendición—dijo papá tajante

-       Pero señor, Marie tiene razón no es el tiempo ni la edad los que nos preocupa—intervino Carlos—sin embargo tu padre tiene razón y deberíamos esperarnos

-       Carlos ya habíamos quedado en algo—le dijo Marie a Carlos sorprendida por su respuesta.

-       Si cariño hay que darle tiempo al tiempo—respondió Carlos—y lo sentimos señor, si su hija se quiere casar conmigo yo lo hare porque la amo y sé que ella también.

-       Pues pueden casarse si desean, ya que eres mayor de edad, como para saber lo que está bien o está mal—finalizo papá—solo que no esperes verme en tu boda.

Salió de la habitación”

Yo regrese a la realidad, estaba al lado de mi hermana caminando rumbo al altar donde Carlos la esperaba.

-       Carlos cuídala bien—le dije al momento que le daba la mano de Marie

-       Con mi vida—contesto

Yo me fui a sentar para escuchar la ceremonia, estuve atento a cada palabra y momento de la misa, no quería perder detalle de lo que acontecía; y razonando de cómo estaba viviendo, si bien era un soltero “codiciado”, no tenía “responsabilidad” alguna, bueno dicho entre comillas porque había decidido  hacerme cargo de mi hermana y de su hija, ellas son mi responsabilidad. Cuando me relaje y me concentre en la ceremonia, el padre dijo:

-       ¿Quién tenga algo que decir para que esta boda no se lleve a cabo? Que hable ahora o calle para siempre.

Espero unos segundos y como nadie dijo nada.

-       Entonces yo los declaro marido y mujer, puedes besar a la novia.

La gente salto en júbilo y aplaudieron, mientras Carlos y Marie daban un beso espectáculo de lo que es un beso de amor.

Salimos todos para poder felicitar a los nuevos esposos, todos los felicitaron y de ahí se iban a ir directo al aeropuerto, pues la fiesta iba a ser en el rancho de la familia de Carlos en Chihuahua, pero mi hermana me hablo y me acorde de lo que le había prometido.

-       Oye Marcus llévame a ver a Marina, quiero verla antes de irnos—dijo

-       ¿ahora? ¿Por qué no te vas a chihuahua y de regreso la ves?—le dije expectante

-       Si no te estoy preguntando—dijo tajante y ya me llevaba rumbo a la limosina—además quiero conocer a mi sobrina

-       Está bien, vamos—concluí.

Subimos a la limosina y le dije al chofer que fuera hacia el hospital Santa Cruz. El chofer hizo caso a mi indicación y en media hora llegamos.

Bajamos y los lleve hacia el piso de maternidad donde pasamos a la recepción.

-       Señorita me podría decir ¿en qué cuarto esta la señorita Marina Aguilar?—pregunte

-       Si, permítame—dijo mientras buscaba la información—se encuentra el cuarto doscientos cinco

-       Muchas gracias—finalice

Caminamos los tres, y por el pasillo me di cuenta que las enfermeras se le quedaban viendo a mi hermana, será porque iba vestida de novia o porque estaba tan hermosa con su vestido; y creo que Marie se dio cuenta porque se ruborizo un poco. Toque la puerta.

-       ¡Adelante!—escuche decir a Marina

Abrí la puerta y me asome por la puerta

-       ¡Hola! ¿Cómo está la nueva mamá? ¿adivina a quien traje?—le dije al tiempo que abría por completo la puerta.

-       ¡Marie! ¡Carlos! ¿pero qué hacen aquí?—dijo Marina contrariada

-       Pues venimos a verte—dijeron a unísono

-       Yo ya los hacía en el aeropuerto

-       Sí, pero quería ver a mi hermanita—dijo Marie

-       Y claro conocer a nuestra sobrinita—interrumpió Carlos.

-       Él tiene razón—dijo Marie—además él no lo sabe pero mi intención es llevarte con nosotros a Chihuahua.

-       ¿Bueno? No es mala idea—dijo Carlos—pero ¿A qué hora lo decidiste?

-       Ahorita—concluyo Marie.

-       Pues a mí me gustaría—dijo Marina—pero el doctor dijo que no me da de alta sino hasta mañana.

-       ¿Estás segura?—pregunto Marie—yo podría convencer al doctor.

-       No, déjalo así además no me siento con ánimos para viajar—espeto

-       Pero…

-       Mira Marie, si Marina no quiere o no puede ir, no deberías obligarla—intervino Carlos—además tenemos que irnos.

-       ¡Ay! Si, tienes razón—dijo Marie—tenemos que irnos

Tomo camino para salir y se me quedo viendo.

-       ¿Qué no piensas venir?—me pregunto.

-       Aun no, yo me voy más tarde—le dije.

-       Ok pero no me vayas a fallar—me advirtió.

-       No te preocupes, allá me veras—me defendí.

-       Ya déjalo—dijo Marina

-       Vale pues—dijo Marie—bueno Marina descansa y hasta luego.

-       Hasta luego—dijimos a unísono Marina y yo.

Marie y Carlos salieron del cuarto, dejándonos solos a Marina y a mí. Nos pusimos a platicar un rato y me cual fue el nombre que le pondría a la niña.

-       Bueno, hace rato estaba pensando en cómo llamarla—dijo Marina

-       ¡Ah! ¿y ya pensaste en alguno?—le pregunte

-       Bueno solo en uno—contesto

-       ¿y cuál es?—inquirí

-       Daniela—concluyo

En ese  momento mi teléfono sonó y salí de cuarto para contestarlo.

-       ¿bueno? ¿Quién habla?—pregunte

-       ¿es usted el señor Marcus Aguilar de la Cerda?—pregunto la voz de una señorita

-       Si, ¿Por qué?—inquirí

-       Hablamos del hospital santa cruz—me contesto—para comunicarle que su padre está aquí hospitalizado por un shock nervioso muy fuerte

-       ¿pero que lo paso?—pregunte

-       No le podemos decir por teléfono, pero ¿podría venir?—contesto la señorita

-       Si, ahora mismo bajo-conteste y colgué.

No supe que más decir lo único que pude hacer fue entrar a la habitación y me senté un momento, no sabía qué hacer o decir, sabía que para que mi papá se pusiera así, fue porque ocurrió algo muy duro para él, sin embargo no me podría imaginar lo pudo haber pasado. Aunque mi actitud no pude controlarla supe inmediatamente que Marina me estaba observando hasta que ella no pudo aguantar la curiosidad.

-       Marcus ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa?

Escuche su voz y apenas pude reaccionar.

-       Eh nada, nada, tengo que salir, me hablaron del trabajo—fue lo único que fui capaz de decirle, además no podría estarla preocupando con lo que estaba pasando.

Lo único extraño que se me hizo fue que en lugar de que mi mamá me avisara de lo que le había pasado me haya hablado una enfermera o una señorita de trabajo social. Después de tanto darle vuelta a la cabeza baje hasta el primer piso, porque cabe la casualidad que era el mismo en el que estaba Marina y le pregunte a la enfermera que estaba en recepción.

-       Señorita me podría decir ¿en qué cuarto está el señor Cesar Aguilar Riverol?

-       Sí, me permite—respondió la enfermera, tardo más o menos un minuto cuando rompió el silencio—mire ahora está en el segundo piso en el cuarto setenta y nueve

-       Muchas gracias señorita—respondí.

Volví a subir y busque a quien estaba atendiendo a mi papá para que me explicara cómo estaba.

-       Doctor ¿Cómo se encuentra mi padre?—le pregunte

-       ¡Ah! Él se encuentra estable y recuperándose, sin embargo—hizo una pausa—tendrá que ser paciente con él, porque no se recuperara del todo.

-       ¿y por qué no? ¿no dice que se estaba recuperando?—espete

-       Sí, pero me refiero a emocionalmente—me respondió—además—hizo una pausa—bueno no sé cómo decirle esto, pero tendré que darle una mala noticia

-       ¿Qué es? ¿Qué pasa con mi padre? ¡Pero ya! Dígamelo—le exigí

-       No, no es su padre, como le dije su padre está bien—dijo el doctor—esto tiene que ver con su madre

-       ¿Qué tiene? ¿Qué le paso?—cuestione angustiado

-       Lo siento mucho, comunicarle que su madre murió-dijo el doctor—lo lamento mucho.

Fue un shock, un golpe al corazón que me dolió hasta los huesos, lo único que pude hacer fue sentarme en el frio piso del hospital. La sensación del piso frio me hubiera puesto los pelos de puntas, pero ahora la sensación del piso no me molestaba tanto como la tristeza que me invadía en el corazón. Pasaron varios minutos antes de que pudiera reaccionar. Después supe lo que tenía que hacer, primero que todo tenía que avisar a mis hermanas, lo primero que se me ocurrió era marcarle a Marie.

-       ¿Marie?...si soy yo…no, no ella está bien…es sobre papá y mamá…no te lo puedo decir por teléfono…si lo sé, pero es importante…ya vale pues, te espero.

Colgué y tome camino para ir a ver a Marina, el único problema era que, no sabía cómo le iba a decir, esto sería un golpe muy duro para ella y más en las circunstancias en las que quedaron cuando ella les dijo que estaba embarazada.

“era una tarde en la casa, yo iba llegando a la casa, yo iba pocas veces a la casa ya que llevaba varios años viviendo solo.

-       Mamá, papá quiero hablar con ustedes—dijo Marina al entrar a la sala.

-       ¿Qué pasa hija? ¿de qué quieres hablar?—le pregunto papá.

-       Quiero decirles algo pero es muy difícil de decirles—dijo Marina.

-       ¿Qué pasa hija? Me estas asustando—dijo mamá.

-       Está bien mamá, estoy embarazada—dijo de golpe.

-       ¿Qué estas qué?—dijo papa exaltado.

-       Estoy embarazada—dijo Marina

-       Pero ¿Por qué no te cuidaste?—intervino mi madre.

-       Eso ya no importa—espeto mi papá—dime solo quien es el desgraciado que te embarazo

-       Papá eso no es importante, porque pienso tenerlo           sin que el papá se haga cargo—contesto Marina.

-       Yo jamás permitiría que abortaras ese niño—sentencio papá—pero tampoco permitiré que vivas aquí, así que hoy mismo te vas de la casa.

-       Pero papá sino tengo a donde ir, no me corras—suplico Marina

-       Si tu quisiste hacer de tu vida un papalote—dijo papá—tendrás que afrontar las consecuencias

Al estar escuchando la discusión desde la cocina pues me entere de todo, sin embargo pregunte qué estaba pasando.

-       Papá ¿Por qué gritas? ¿Qué pasa?—pregunte al entrar a la sala

-       Pues que tu hermana salió embarazada—respondió papá.

-       ¿y el patán que te embarazo? ¿Qué no piensa hacerse cargo?

-       No, dice que es mi problema y la verdad no me interesa—me espeto.

-       Y ya te dije te me vas ya-le espetó a Marina

-       Pero papá no tengo a donde ir ¡por favor no me corras!—suplico Marina

-       No me interesa, te me vas ahorita y dejas tus llaves—le sentencio—y te irás sin nada más que con lo que llevas puesto, porque todo lo que tienes es mío.

-       Mamá ¡por favor ayúdame!—le suplico a mamá

-       No puedo hacer nada, tu papá ya decidió—le respondió

Al ver que no tenía nada más que decir salió tal cual cómo iba, dejando las llaves. Camino por la acera de la calle, por un largo rato hasta que se paró frente a una tienda y por casualidad o no, era una de maternidad, ahí se entretuvo un largo rato, hasta que la encontré.

-       Marina por fin te encuentro—le dije a Marina—ya me tenías preocupada

-       Si, si, tan preocupado que hasta me defendiste de papá—me dijo de forma sarcástica.

-       Ya no te preocupes, yo te voy a ayudar—le dije con tono de disculpa—te puedes quedar en mi casa.

-       Me quieres ayudar para que no yo no les diga a nuestros padres de quien es este hijo ¿verdad?—me cuestiono.

-       Mira les puedes decir, por mí no hay problema—le dije despreocupado.

-       Está bien, pero eso no va a significar nada—me advirtió

La lleve a mi casa y la deje que se instalara.”

Cuando regrese a la realidad estaba en el cuarto de Marina observando cómo dormía y lo pasiva que estaba, cuando de repente se despertó abruptamente.

-       ¡Mamá!—dijo levantándose de la cama.

-       Ya tranquilízate, todo está bien, todo ha pasado—dije para consolarla—solo fue un sueño.

-       ¡No! A mi mamá le ha pasado algo—me inquirió—lo presiento.

-       Cálmate Marina ¡por favor!, fue solo un sueño—dije tratando de tranquilizarla.

-       ¡No! Y no me digas que me calme porque no lo voy hacer, algo le paso a mamá –dijo enfurecida—lo sé, lo presiento.

-       Está bien, si para tranquilizarte tengo que hablar a la casa—dije y salí del cuarto.

Solo que no marque, me quede afuera para pensar en cómo decirle que mamá está muerta, y más sabiendo en como quedaron las cosas con ella, eso podría destrozarla. Paso un rato para fingir que había hablado a la casa. Para el momento que iba entrar al cuarto de Marina llego Marie con Carlos, esta vez la vi diferente, ya no llevaba su vestido de novia, sin embargo se veía muy bonita; ella se acercó y me pregunto qué era lo que había pasado.

-       Bueno, papá está aquí en el hospital, está bien y se está recuperando—le respondí.

-       ¡pero ¿Qué le paso?!—me pregunto insistente.

-       Mira, él ya se encuentra bien, solo le dio un shock nervioso, y como ya te dije se está recuperando.

-       ¿y mamá? ¿Cómo está mamá?—me interrogo--¿Cómo está ella?

-       Bueno ella...—hice una pausa—…ella… es que no sé cómo explicártelo, es algo muy difícil de asimilar.

-       Anda Marcus, ya dímelo—me suplico con insistencia

-       Bueno es que ella murió—dije al fin.

Cuando lo dije, Marie se soltó a llorar y se refugió en los brazos de Carlos, en la abrazo para consolarla y tranquilizarla. Después ella entre sollozos me pregunto.

-       ¿Cómo fue? ¿Cómo paso?

-       Por lo que se, ella murió mientras dormía—respondí de manera vaga, de ahí ya no supe que más decir.

-       ¿Y Marina lo sabe?—me pregunto

-       No, aun no le digo nada, a eso iba cuando llegaron—le respondí.

Se secó las lágrimas—si quieres yo le digo—se ofreció.

-       No—le dije, tomando aire—yo le digo, es mi responsabilidad

Entonces me dirigí a la habitación de Marina y la encontré llorando en la cama.

-       Marina ¿Estás bien?—le pregunte.

-       Si, si estoy bien—me dijo mientras se secaba las lágrimas— ¿me venias a decir que mamá está muerta? ¿verdad?

-       ¡Aaah! Si, ¿Cómo lo sabes?—le pregunte intrigado.

-       Eso no importa—dijo sin tomarle importancia a lo que le dije—solo quiero que traigas al doctor.

-       ¿pero para qué? Tú tienes que descansar—inquirí

-       Mira Marcus, tú y yo tenemos un secreto que no le dijimos a mamá y además quiero despedirme de ella.

-       Bueno está bien ya, no tienes que sermonearme—le dije—tienes razón ahora mando a Marie por el doctor—concluí y salí, le dije a Marie que buscara al doctor y me metí de nuevo—ya está, ahora vuelve Marie con el doctor.

-       Gracias Marcus—dijo al fin.

Esperamos por rato hasta que llego el doctor.

-       ¿Qué paso Marina? ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?—le pregunto

-       Ya mejor doctor—le respondió al doctor—lo que le quería pedir es que me diera de alta ahora mismo ¿si es posible?

-       Pero Marina ya te dije que no te podía dar de alta sino hasta mañana, tiene que recuperarte—le contradijo

-       Mire doctor, usted no está para saberlo, pero nuestra madre murió hoy y quiero estar con ella en su funeral.

-       Cuanto lo siento por todos—dijo el doctor—deja ver qué puedo hacer, Marcus ¿puedes venir conmigo?

-       Si doctor—dije y lo acompañe.

Durante varios minutos vi todos los papeleos que realizo y que me dio a firmar, los termine de firmar y el doctor me dijo:

-       Mira Marcus pasa a pagar a caja y tu hermana quedara dada de alta mientras yo le digo a tu hermana los cuidados que debe de tener con ella y la niña, y una vez más cuanto lo siento y mi más sentido pésame.

-       Gracias doctor, gracias por todo—le dije.

El doctor se fue yo me fui a pagar la cuenta; cuando pague la cuenta del hospital, baje para ver al doctor que atendía a mi papá y le pedí que si podría dar de alta; afortunadamente el doctor me dijo que ya no podía hacer más y que su recuperación en casa era lo mejor. Pague la cuenta del hospital de mi papá y subí por Marina.

-       ¿Ya lista Marina?—le pregunte al entrar.

-       Si ya desde hace rato—me respondió, ella estaba en su silla de ruedas, los cuatros salimos o ya más bien los cinco salimos de la habitación.

Bajamos por el elevador hasta que se detuvo en el piso dos.

-       ¿Por qué nos detuvimos en este piso?—pregunto Carlos.

-       ¡ah! Porque aquí se encuentra nuestro padre, nada más lo voy  pasar a recoger—le respondí.

Salimos del elevador y yo me adelante para ir por papá, llegue a la habitación y mi papá aún no estaba listo, le ayude a arreglarse y mientras lo hacía le hablaba de muchas cosas. Termine de ayudarle y salimos los dos, nos reunimos con los demás, a pesar de estar con la familia lo notaba como ido, como fuera de realidad; los seis bajamos al estacionamiento, parecía que todos iríamos en la camioneta de Carlos, sin embargo yo tenía que arreglar todo para el funeral de nuestra madre, así que le di las llaves de la casa a Marina para que entraran en mi casa, yo me subí a mi carro, este fue el único momento que pude desahogarme y llorar por un largo rato hasta que ya no salió lagrima alguna de mis ojos, no sabía porque Dios no me había dado la oportunidad de poder decirle la verdad sobre su nieta, de quien era y la razón porque no decíamos nada, sin embargo  tampoco pude reprochárselo, porque no tenía derecho a hacerlo. Después de terminar de llorar fui al forense, llene todas las formas para poder trasladar el cuerpo de mamá, llame a un servicio funerario que ya conocía, por la muerte de mi abuela hace seis años. Cuando todo estuvo listo llame a la casa para avisarles en que funeraria se llevaría a cabo el funeral. Lo primero que llego fue la corona de flores de la familia Ramírez, después llego doña Julia, la suegra de Marie y una corona de la familia Díaz-Flores; ya para entonces eran más de las cuatro de la tarde y todos estábamos ya juntos. Sin embargo estaba preocupado porque pensé que a la hora que mi papá viera el ataúd de mamá reaccionara, no sé qué llorara, que estuviera pegado al ataúd, algo que me diera señal que estaba bien y lo único que pude ver fue un gran sufrimiento en los ojos y en su rostro, así que me acerque a Marie para platicar.

-       Oye ¿no ves a papá raro?—le pregunte

-       No, yo lo veo igual—me respondió

-       Ese es el problema—le dije—sigue igual que cuando salió del hospital.

-       ¿Y eso que tiene que ver?—me dijo.

-       Pues que cuando salió del hospital—le dije—se encontraba en shock y pensé que al ver el ataúd de mamá el reaccionaría.

-       Bueno si lo vez haci—razono—pues tienes toda la razón, pero también debes entenderlo, nuestra madre fue su compañera por treinta años, y ahora nada más la pierde.

-       Tienes razón—le dije—pero te dejo voy a buscar a alguien.

-       ¿a quién?—me interrogo

-       A Marina, nos vemos—dije mientras me alejaba para buscar a Marina.

Busque a Marina, salí del salón principal y la encontré en la entrada llorando, acerque a ella para platicar y me senté a su lado.

-       Hola Marina ¿Por qué llorando?—pregunte--¡Ah! Pero que pregunta si es obvio

-       ¡Ay! Marcus, es que ¿Cómo puedo ser tan feliz y tan desdichada en este día?—me confesó—me siento terrible por no haberle dicho a nuestra madre la verdad.

La tome del brazo y la lleve a otra parte más privada—los dos prometimos no decir nada a nadie, ni siquiera a nuestros padres—le dije casi susurrando.

Ella se soltó y me dijo—si lo sé, por eso me siento tan mal—dijo sollozando

-       Oye ninguno quiso esto—la cuestione—pero paso y no podemos remediarlo

-       Lo sé y ese es el problema—me respondió—no puedo dejar de sentirme fatal y culpable por lo sucedido

Seguimos hablando por un largo rato y me perdí en la conversación.



Estoy perdido en mis pensamientos no sé qué hacer, estoy aquí sentado ante un ataúd, no sé porque nadie dice y habla nada sobre nada, no entiendo porque toda la familia está aquí, nadie quiere decirme algo.

Me pare y me acerque al ataúd, quería ver de cerca quien estaba dentro. Cuando me di cuenta quien estaba, quise gritar, no salió un sonido de mi boca. Después sentí que todo se oscurecía y me dolía mucho el brazo izquierdo, quise acercarme a una silla pero mis fuerzas me abandonaran.

Todo se puso oscuro, después no supe más de lo que paso, después vi una luz y cerca de la luz vi a…

-       ¿Diana?

-       Si Cesar, soy yo—contesto

-       ¿pero…tu…estas…?—dije tartamudeando

-       Muerta, si lo estoy—dijo serenamente

-       ¿Entonces yo también lo estoy?—dije casi en susurro

-       Si—respondió

-       ¿vienes por mí? ¿verdad?

-       En realidad no, vine para decirte que tienes que volver—me dijo serenamente—nuestros hijos te necesitan.

-       Ellos ya son mayores—dije casi llorando—ya no me necesitan.

-       Es cierto que son mayores—me dijo—sin embargo no nada más son nuestros hijos, también está nuestra nieta ella va a necesitar de su abuelo.

-       Tienes razón, pero también va a necesitar a su abuela

-       No lo creo—dijo sin alterarse—ella no me va a necesitar, porque siempre estaré con ella.

-       ¿Por qué? ¿Cómo? ¿no entiendo?—dije consternado

-       Nuestra hija le va a poner mi nombre—contesto.

-       Eso será hermoso—le dije—pero entonces…

-       ¿Qué? Mi amor.

-       ¿no me puedo ir contigo?—le dije susurrando

-       No amor, pero te estaré esperando.

-       ¿entonces tengo que regresar?—le pregunte.

-       Si amor, quiero que cuides a Marina es nuestra niña, la más pequeña y a nuestra nieta.

-       Está bien, lo hare—le dije abrazándola.

-       Entonces aquí nos despedimos, no es un adiós, es un hasta pronto—dijo mientras se alejaba

Yo trate de darle alcance pero me era imposible poder hacerlo, lo único que paso fue que todo volvió a estar oscuro y lo único que pude percibir las voces de algunas personas; no pude identificarlas todas, pero si pude distinguir la voz de mi hija Marie y la de Carlos, después note la voz de mi hijo Marcus y la de Marina, solo que no podía distinguir lo que decían.



Estaba tan al pendiente de lo que decía que me asuste cuando nos interrumpió Marie.

-       Marcus ven, papá se puso mal

-       ¿pero qué paso?—dijo Marina

-       Se desmayó y  no sabemos qué paso—respondió mientras los tres caminábamos rumbo al salón donde lo tenían.

-       Pero ¿Qué paso?—le exigí

-       No lo sé, solo sé que cuando lo vi, estaba llorando  cerca del ataúd  y se derrumbó, el resto solo él lo sabe.

-       ¿y ya llamaron a la ambulancia?—le pregunto Marina

-       Si ya lo hicimos—respondió—no debe de tardar

Entramos al hall y vimos a papá tirado sobre un sofá que estaba en el lugar. Carlos que estaba ahí asistiéndolo, él sabía que hacer porque por algunos años fue paramédico de la cruz roja.

-       Carlos ¿Cómo esta papá?—le pregunte

-       Se encuentra mejor—respondió—pero siento que el desmayo que tuvo fue por un infarto, pero solo se sabrá cuando lo lleven al hospital.

En ese momento llegaron los paramédicos, lo auxiliaron y lo llevaron al hospital, yo me fui aparte en mi carro. Cuando llegue, el cardiólogo de mi papá que era también su amigo hablo conmigo.

-       Mira Marcus, tu papá tuvo un infarto al miocardio—me explico Antonio—ahora estará en observación por dos días.

-       Eso me reconforta mucho—le dije

-       Pero ¿podrás decirme porque crees que le dio el infarto?—me pregunto—ya sabes que a tu papá le dan por alguna razón acaso ¿Alguien de tu familia ha muerto? ¿verdad?

-       Si, tienes mucha razón, murió…—hice una pausa casi sepulcral—…mi madre

-       ¡Oh! ¡Cuanto lo siento! Marcus—dijo casi sin aliento—pero ¿Por qué no avisaste? Sabes que soy amigo de la familia.

-       Lo siento, pero no dio mucho tiempo a avisar a nadie más—le dije—discúlpame Antonio

-       No te preocupes, no te lo dije con afán de molestarte—dijo disculpándose—ni hacerte sentir mal.

-       Está bien—le respondí—me gustaría que fueras, te lo digo en nombre de mis hermanas y mío.

-       Lo tomare en cuenta—me dijo y se fue, y yo me quede un rato en la sala de espera.

Trate de localizar a un amigo, que también es psicólogo y tanatologo; le marque a su celular, pero no me contesto, así que marque a su consultorio.

-       Buenas tardes ¿se encuentra el doctor Aristegui?—pregunte.

-       Si, ¿de parte de quién?—respondió la secretaria.

-       De…un amigo—dije

-       Está bien, ahora lo comunico—dijo, habiendo una pausa—bueno ¿Marcus?

-       Si, ¿Cómo supiste?—respondí.

-       Porque eres el único que no le dices tu nombre a mi secretaria—dijo riéndose--¿Qué? ¿Cómo te ha ido?

-       Mal, muy mal—dije suspirando profundamente.

-       Y ¿eso? ¿Qué paso?—me pregunto

-       Bueno, no te quiero decir por teléfono—le dije--¿puedes venir al hospital Santa Cruz?

-       Si, ahora salgo para allá—colgó y yo me fui a la cafetería.

Mientras esperaba, recibí varias llamadas principalmente del trabajo y una mujer extraña.

-       Buenas tardes—dijo la mujer—es ¿usted Marcus Aguilar de la Cerda?

-       Si soy yo—respondí.

-       ¿hermana de la señorita Aguilar de la Cerda?—pregunto.

-       Si—dije secamente.

-       Le podría decir que fue seleccionada como la nueva fotógrafa de la casa de moda “Cyndi´s”.

-       Sí, yo le digo—dije, un poco incrédulo y no pude decir nada, mientras la mujer extraña colgó.

“Nuca supe que Marie o Marina estuvieran buscando trabajo, pero si sabía de quien podía esperar ser la fotógrafa, porque Marina en las últimas semanas estuvo muy sospechosa y muy nerviosa cada vez que el teléfono sonaba…” Mis pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de Daniel.

-       Hola Mark ¿Cómo estás?—dijo mientras lo recibía con un abrazo.--¿Por qué estamos aquí? ¿le paso algo a alguien de tu familia?

-       Si, fue mi papá—respondí—le dio un infarto.

-       Y esta vez ¿Por qué fue?—dijo preocupado

-       Bueno tu y yo sabemos que jamás le ha ido bien con las emociones fuertes—argumente.

-       Cierto—respondió--¿Quién de tu familia murió? ¿tu mamá?

Esa fue una conjetura acertada, a mí solo quedo asentir.

-       ¡Oh! ¡amigo cuanto lo siento! Sabes que estoy contigo—dijo dándome otro abrazo

-       ¡Gracias! Eres el mejor amigo que tengo—dije al separarme de Daniel—ya sabes que a mi papá ya le había dado otros infartos similares a este y se recuperaba con facilidad.

-       Y lo va a ser otra vez—dijo sereno—ya lo veras.

-       Si, solo que porque tenía el apoyo y cuidados de mamá—dije con la voz entrecortada—pero ahora que ella ya no está, temo que jamás se vaya a recuperar.

-       Mira, no digas eso, tu papá se recuperara—dijo Daniel para animarme.

-       Sí, pero en esa ocasión estaba mi mamá ahí para apoyarle—le cuestione.

-       Si pero ¿y sus hijos?—me interrogo--¿no piensas ayudarle?

-       Claro que sí, todos estaremos muy dispuestos a ayudarlo—respondí enojado.

Platicamos un buen rato en que se haría y que no y los pasos a seguir después de que mi papá saliera del hospital. Hasta que dijo.

-       Solo que con tu papá yo no voy a trabajar

-       Pero ¿Por qué?—le pregunte.

-       Porque él ya me conoce y no funcionara—argumento.

-       Y entonces ¿Qué pasara?—cuestione.

-       El si será tratado, pero no por mí—dijo—mira deja le hablo a una amiga ella puede que te pueda ayudar—dijo mientras marcaba el número.

El hablo por algunos minutos y después colgó. Después de cinco minutos de silencio vi llegar a una mujer muy hermosa que deje de pensar en otra cosa que no fuera su belleza sin embargo ella se sentó en una silla cerca de la mesa en donde nos encontrábamos.

-       ¿a qué hora crees que vaya a llegar tu amiga?—pregunte un poco desesperado

-       ¡ah! –dijo buscando con la vista por la cafetería hasta que dijo—Jenny ven—dijo  mientras yo volteaba, cuando vi que cuando dijo el nombre, la mujer que había llegado hace cinco minutos se paraba del asiento, y se acercó a la mesa—mira ella es Jennifer Heredia, es tanatologa y psicoterapeuta; y Jenny—dirigiéndose a ella—él es Marcus Aguilar de la Cerda es hijo de tu nuevo caso.

-       Mucho gusto—dijo ella extendiéndome su mano.

Yo no podía responder, no reaccione a su saludo estaba pasmado con lo hermosa que era, y ahora que la tenía tan cerca estaba más que nervioso como nunca lo había estado en mi vida. Ella era tan bonita y tenía una sonrisa hermosa, pero lo que hizo que me perdiera fue su mirada, lo único que logre pensar fue ¿tendrá novio? O ¿esposo?

-       Mucho gusto—repitió ella.

-       Eh si, si mucho gusto—dije tartamudeando.

-       Y no tengo ni novio ni esposo—dijo ella.

-       Ah, y se me olvido decirte que ella es como el doctor de Lie To Me—intervino Daniel al ver la expresión de mi cara

Estuvimos hablando de cómo estaba mi papá y del tratamiento que llevara y los pasos que debemos ver que mi papá lleve y apoyarlo. Platicamos otro rato más y después de despedirme de Daniel, lleve a Jenny a conocer a mi padre, por desgracia estaba dormido y no lo pudo conocer ella se quedó conmigo otro rato y dijo que vendría mañana a la misma hora. Ella se fue alrededor de las nueve de la noche, yo por otro lado me quede con él y a veces hablaba entre sueños como “Amor no me dejes…Diana quédate conmigo…Qué hare sin ti…” y muchas otras cosas. Me quede con él hasta las tres y media de la madrugada, después me fui a la casa, me cambie y me fui al funeral para después ir al entierro. Mis hermanas me preguntaron cómo estaba mi papá y les conté todo lo que me dijo Antonio y también les dije que le hable a Daniel.

-       Pues era obvio que papá se pusiera así—dijo Marie—el todavía no acepta que mamá murió. Puede que, cuando se paro y vio en el ataúd a mamá, eso lo impresiono demasiado.

-       Tienes mucha razón Marie, supongo que por eso llamaste a Daniel—dijo Marina.

-       Si para que nos ayude a todos, todavía no acepto que ella murió—dije.

-       Tienes razón cuñado—dijo Carlos—yo tampoco y sabes que quise a tu mamá como a una segunda madre.

-       Gracias Carlos tienes razón, y también ella te quería como a un hijo—dijo Marie.

Después yo cambie el tema de forma radical—a pesar que no es el momento pero Marina te tengo que decir que te hablaron de la casa de moda “Cyndi´s” y te eligieron como su fotógrafa—dije dirigiéndome a ella para poder felicitarla—pero ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué no nos dijiste?—dije con tono de reproche

-       Disculpa, pero quería que fuera sorpresa—dijo disculpándose—pero parece ser que la sorprendida fui yo, pero muchas gracias solo que la noticia no la esperaba tan pronto.

-       Pues no sé, parece ser que no pudieron localizarte—dije con tono de disculpa por lo que le dije.

Después del entierro todos nos fuimos al hospital para ver a papá, casi todos se quedaron menos Marina, ya que necesitaba descansar después de una larga noche. Por la tarde Marie, Carlos y su madre Julia se fueron también, yo solo me quede para poder esperar Jenny. Después de un poco más una hora llego Jenny.

-       Hola, disculpa por la tardanza, pero hubo  unas cuantas cosas que se me cruzaron en el camino—dijo disculpándose conmigo—perdón por no avisarte ¿estuviste esperando demasiado?

-       No demasiado, no importa, con que estés aquí es lo más importante—dije con tono despreocupado.

-       Si discúlpame, debí avisarte, ¡lo siento!—dijo otra vez.

-       Ya no te preocupes todo está olvidado, pero siéntate tengo que decirte algunas cosas—dije invitándola a sentarse junto a mí.

-       Muchas gracias solo que no tengo mucho tiempo—dice al sentarse junto a mi

-       ¿y eso? ¿Por qué?—pregunte interesado por u respuesta.

-       No por nada, después te cuento—dijo un poco cortante—ahora si ¿Qué me ibas a decir?

-       Bueno, le dije a mis hermanas que le hable Daniel—le respondí.

-       Y bueno ¿Qué paso?—pregunto interesada.

-       Buenos solo les dije que él nos ayudaría a salir de todo esto—dije y luego suspire—solo que no les hable de ti.

-       ¿Por qué?—dijo de manera inquisitoria.

-       Bueno pues porque aun no les digo todo lo que me dijo Daniel sobre que él no podría ayudarlo—dije un poco apenado.

-       Este bien tienes razón, pero entonces ¿Cómo les vas a decir que yo lo voy a atender?

-       Pues mañana sale mi papá y me gustaría que estuvieras aquí—le respondí—para      que así mis hermanas te conozcan.

-       Ok me parece buena idea—dijo expectante—entonces mañana nos vemos, pero ¿a qué hora? Y ¿Dónde?

-       A las diez y media de la mañana aquí en el hospital para que le conozcas.

-       Ok, entonces mañana te veo—dijo mientras tomaba su bolso y le alistaba para marcharse.

-       Oye no te puedes quedar—le dije suplicante—hasta si quieres te llevo a donde quieras

-       No la verdad no puedo—dijo Jenny—pero mañana nos vemos—dijo mientras ella se iba.

Yo me quede ahí mientras pensaba que era lo que tenia, pues me intrigaba mucho el cómo su mirada me cautivaba demasiado. Después de eso, el resto de la tarde paso sin ningún contratiempo, no tuve ninguna llamada, me fui casa a descansar, en mis sueños solo veía a Jenny, eso me dio a entender que me había enamorado de ella, no podía dejar de pensar en ella, solo que soy un poco miedoso en lo que al amor se refiere, ya que de mi última relación salí muy lastimado y me dejo un gran hueco en el corazón, a la mañana siguiente me levante muy temprano para poder pasar a recoger a mi papá. Ahí me di cuenta que Jenny era la mujer más maravillosa del mundo, porque ella pago la cuenta y estaba hablando con mi papá, me quede ahí parado por algunos minutos contemplando la escena. Luego de esperar el tiempo pertinente me acerque a donde ellos estaban.

-       Hola amor—dijo Jenny y me recibió con un beso— ¿Cómo has estado?

-       Bien—dije atónito a como ante el recibimiento—amor ¿Cómo amaneciste?

-       Bien también—dijo abrazándome y tomándome de la mano.

-       ¿y qué hacen?—pregunte.

-       Pues tu novia me estaba diciendo que llevan varias semanas juntos—respondió papá--¿Cuándo me lo pensabas decir?

-        Bueno papá—dije sorprendido por su pregunta—te lo pensaba decir cuando estuviéramos seguros de lo que sentíamos.

-       Si, fue lo que le dije a tu papá—me tercio—pero creo que ya era hora para decirlo ¿no? ¿verdad amor?

-       Si tienes razón, disculpa papá—le dije

-       ¡Ay! Hijo no te preocupes—dijo parándose de la silla y dándome un abrazo.

-       Amor acompáñame, el doctor me dijo que cuando llegaras fueras con él, para que firmaras unos papeles y se diera la salida de tu papá—me dijo Jenny.

-       ¿Y no dijo nada más?—le pregunte.

-       No, no me dijo nada más—respondió.

-       Bueno papá ahora vengo—dije.

-       Te acompaño—dijo Jenny.

Yo solo asentí y camine hacia el consultorio de Antonio. Solo que a medio camino me detuve.

-       Oye dime ¿Qué fue lo que paso allá atrás?—le pregunte consternado.

-       ¡Ah! Eso, es que fue la única forma que se ocurrió para poderme acercar a tu papá sin causar sospecha alguna—respondió—porque si más no recuerdo Daniel se acercó a la familia como amigo de tuyo, y supuse que si hacia lo mismo él podría sospechar mis intenciones ¿o qué? ¿Te molesto?

-       Sí, bueno no, solo que me pudiste haber dicho antes—le dije—solo para estar preparado.

-       Tienes razón—dijo sonriendo—para la otra lo pensare y te avisare.

Después de eso, volvimos a donde estaba mi papá y nos lo llevamos. Cuando llegamos a la casa ahí ya se encontraban mis hermanas, mi cuñado y su mamá. Cuando vieron llegar Jenny la presente como mi novia, mi papá hablo poco y después pidió que lo llevaran a descansar, y lo lleve a la que sería su habitación. Cuando baje la primera que me pregunto que si Jenny de verdad era mi novia fue Marina. A ella no podía mentirle, me conocía muy bien y les dije que ella era la psicoterapeuta de mi papá, pero que él no debía saberlo hasta que ella ya lo de su alta. Todos entendieron y aceptaron todo lo que ella les dijo.

Después de eso Jenny iba a la casa casi todo los días, principalmente en la noche y generalmente cuando yo no estaba, pues ella tenía que realizar su trabajo. Al principio le pagaba por sus servicios, pero después de algunos meses ella ya no quería aceptarlas, lo cual no entendía, entonces decidí enfrentarla en su departamento.

-       Hola Jenny—dije al llegar a su departamento

-       ¡ah! Hola—dijo muy indiferente— ¿Qué  paso?

-       Pues venia a hablar contigo—dije al notar su indiferencia

-       ¿sobre qué?—me contesto de igual forma.

-       Pues Jenny, ya van varias mensualidades que te envió a tu consultorio y me las regresas—dije con la poca indiferencia de la que fui capaz.

-       ¡Ah! Por eso, pues no sabía que eran tuyos y lo mejor que hice fue regresarlos—siguió con indiferencia.

-       Haber Jenny ¿Qué te pasa?—dije ya enojado.

-       ¿Qué me pasa de qué?—dijo consternada.

-       Pues ha estado muy indiferente conmigo en las últimas semanas—dije con un poco más de calma—y no te entiendo, se supone que somos amigos ¿no debe haber confianza entre nosotros?

-       Si, discúlpame pero he estado un poco estresada—dijo un poco apenada.



Estoy en mi consultorio esperando a mi próxima cita, estoy algo estresada porque no he podido ver a mi familia y eso me pone de malas. Estaba sentada frente a la ventana cuando sonó mi teléfono.

-       Bueno… ¿si?... ¡Ah! Daniel ¿Cómo estás?… ¿Qué paso? ¿para qué me querías?... ¡Ah! Entonces ¿quieres que te ayude?... ¡Ok! ¿Dónde te veo?...entonces ahí te veo… ¡no! Gracias a ti…hasta luego.

Después de colgar entro la Sra. Díaz, solo que le dije que no podía atenderla que me había surgido un problema, pero que la atendería para la próxima semana. Tome mis cosas y salí del consultorio y baje al estacionamiento, tome mi carro y salí rumbo al hospital, no entendía porque Daniel me había pedido ir a un hospital, aunque por lo que pude entender era que tenía un nuevo caso para mí; Daniel era muy bueno conmigo, cuando salí de la facultad de psicología, el me apoyo y me paso algunos casos que él no podía atender. Eso me dio mis primeros trabajos y de ahí no he podido parar con nuevos casos, el casi siempre me pasa casos que él no puede atender por diversos motivos, en este caso creo que por la amistad que él tiene con la familia.

Llegue al hospital y subí por cada piso buscando en las cafeterías de cada piso, hasta que me detuve en el sexto piso donde vi a mi amigo de espalda, con un muchacho muy apuesto entre a la cafetería, camine lo más lento posible, me di cuenta que el no perdía detalle de cada movimiento eso me hizo sentir muy bien, porque sabía que le gustaba, al igual que él me había gustado a mi desde que lo vi. Me senté en una mesa que quedaba enfrente de mi amigo; Después de cinco minutos alcance a escuchar como el amigo de Daniel preguntaba por mí y a qué hora llegaría, después de fingir buscarme, me hablo y me presento con su amigo, ahí supe su nombre; “Marcus”  ese nombre que ahora estaría grabado en mi mente y que jamás querré que salga de él, después el me presento y yo lo salude, dos veces pues parecía que había causado una muy buena impresión que el hombre se había quedado sin habla, después observe su mirada, que preguntaba si tenía novio o esposo, aunque no estoy casada, si tengo novio, pero por alguna razón dije que no, eso me dejo un poco ofuscada y después de tanto hablar me despedí de Daniel y me quede otro rato hablando con Marcus, después de mucho hablar y de un intento fallido de conocer al padre de él, que sería mi nuevo paciente, me despedí de Marcus sin ganas de hacerlo.

Al siguiente día me levante temprano para ir a mi consultorio y poder cumplir con mi agenda de hoy, solo cancele las citas de las cinco de la tarde en adelante para poder ir al hospital. Hasta que recibí la llamada de mi novio.

-       Hola mi amor—dijo Salvador muy cariñoso

-       ¡ah! Hola ¿Cómo estás?—pregunte sin mucho afán de hacer platica.

-       Quería hablar contigo—dijo con el mismo tono.

-       Yo también —dije un poco cortante.

-       Ok ¿puedo ir a tu casa?—pregunto.

-       Sí, pero bueno puedes ir como a las ocho de la noche—le dije.

-       Me parece bien entonces ¿a las ocho?—dijo con un tono menos cariñoso.

-       Este bien ahí te veo—dije y colgué.

Esto ponía un pequeño obstáculo para mí, quería quedarme con él un poco más, sin embargo tengo que arreglar esta situación. Llegue con Marcus y hablamos poco, me dijo que quería que mañana estuviera con él, para conocer a mi “suegro”, bueno ese fue un pensamiento que corrió por mi pensamiento, y que después de eso conocería al resto de la familia. Después de esa plática, tenía que irme para poder resolver mi vida, entre a mi departamento y encontré a mi novio.

-       Hola amor ¿Cómo estás?—dijo al verme entrar y me recibió con un beso.

Yo no pude reaccionar, pero tampoco le correspondí.

-       ¡ah! Bien—dije al separarme de él siendo lo único que pude decir. Tome un pequeño respiro para poder continuar—entonces ¿para qué me querías?

-       Bueno pues quería hablar contigo—dijo un poco serio y camino rumbo a donde estaba la cocina y yo lo seguí por instinto, cuando estaba lo suficientemente cerca el encendió las luces y me di cuenta de que había preparado toda una cena para los dos.

-       ¿Qué es todo esto?—dije pasmada ante la escena.

-       Bueno, esto es parte de lo yo quería hablar contigo—me contesto—sabes tenemos más de dos años y medio juntos y para mi es hora de sentar cabeza y madurar—dijo mientras él tomaba una pequeña caja—mira hace algunas semanas estuve pensando en cómo podía pedirte esto, sin embargo te puedo decir que aunque más lo pensaba, más estaba convencido de lo que quería, haci que ahora en este momento te puedo pedir algo ¿quieres casarte conmigo?

Estas últimas palabras las escuche como un susurro no podía entenderlas o no quería entenderlas. Después de pensarlas y analizarlas pude articular solo algunas palabras.

-       ¡Eh! Me Tomás por sorpresa—dije al tomar un segundo respiro—pero no puedo aceptarlo. Mira no eres tú, es que no estoy segura de querer hacerlo, es muy duro para mi decírtelo pero yo no te amo.

-       Pero…Jenny yo te amo—dijo algo ofuscado por su respuesta--¿en que falle? Dime por favor yo quiero estar contigo.

-       Lo es y lo siento tanto pero yo no te amo—dije un poco más tranquila—eres un hombre verdaderamente maravilloso y te mereces a una mujer que te ame y que quiera estar contigo en cuerpo y alma, yo no puedo hacerlo.

-       ¿Por qué? Acaso ¿hay alguien más?—pregunto pero ya un poco alterado.

-       No, no lo hay, pero aunque lo hubiera no te mereces que te engañe—dije alejándome de él—cuando tu nunca lo has hecho, siempre estaré agradecida contigo por ser tan sincero y tú te mereces a alguien igual que a ti.

-       Entonces esto ¿es un “adiós”? ¿verdad?—pregunto más tranquilo, pero triste.

-       No, si tu quieres ser mi amigo—le respondí con una sonrisa.

-       Me sería muy difícil estar cerca de ti, siendo solo tu amigo—dijo tomando un poco de aire—tal vez sea para después.

-       Lo siento mucho Salvador—dije un poco con un tono más compasivo—desearía no haberte hecho sufrir de este modo.

-       No te preocupes—dijo ya más tranquilo y con una mirada triste y desolada—ten en cuenta que siempre ocuparas un lugar muy especial en mi corazón y en mi vida.

-       Gracias, solo gracias es lo que puedo decir por todo lo que me diste—dije más esperanzada que él había aceptado mi decisión—me gustaría volverte a ver algún día.

-       Algún día ¿tal vez?—dijo se despidió de mi con un beso y salió de mi casa.

Después de esa platica y de lo que creo que estoy sintiendo por Marcus, voy a hacer algo diferente con el tratamiento de su papá.

A la mañana siguiente me levante muy temprano para ir al hospital y poder llegar a tiempo, después de ducharme me cambie y fui al hospital. Al llegar me di cuenta de que Marcus no había llegado, haci que fui a caja para ver si ya todo estaba cubierto, pero no, entonces  yo pague todo y firme lo que hacía falta. Fui al cuarto del señor Aguilar y para mi buena suerte él estaba despierto.

-       Señorita ¿Cuándo me voy a poder ir?—dijo de manera un poco insistente.

-       Ahorita señor—dije sonriente.

-       Qué bueno señorita, ya me estaba cansando de estar acostado—dijo sonriente parándose rápido de la cama—aunque parase ser que no la he visto ¿cierto?

-       Eso es cierto, de hecho no soy enfermera—dije de manera pausada—soy…la novia de su hijo me llamo Jenny

-       ¿novia de mi hijo?—dijo desconcertado—él nunca me dijo nada…bueno el ya no me dice nada sobre nada en los últimos meses.

Después de eso hubo un silencio un poco incomodo, y pensé lo que le había dicho y ya era demasiado tarde como para corregirlo.

-       Bueno, ¿Jenny? ¿cierto?—dijo de manera cortes y yo solo asentí de manera afirmativa--¿desde cuándo son novios?

-       Bueno—hice una pausa—desde hace como dos meses, más o menos.

-       ¿y cómo fue? ¿Cómo se conocieron? Cuéntamelo todo—me pregunto insistente.

-       Fue raro la verdad, estuve casi a punto de atropellarlo—dije con tono penoso, para que no se notara mucho que está mintiendo, para mi fortuna llego Marcus y no tuve continuar con la “historia”, a pesar de que salude de manera muy cariñosa a como si de verdad fuésemos novios, lo que me sorprendió fue que el correspondió a mi beso.

Después de eso nos llevamos a su papá a su casa y me quede con ellos un rato, también conocí a sus hermanas, las dos eran muy guapas, solo que la más chica de nombre Marina me llamo la atención tenía una mirada que me dejo pasmada y que no quería dejar de mirar.

Esa misma semana inicie el tratamiento con Cesar, y pues me caía muy bien, me ponía muy triste cada vez que lo hacía recordar cómo era la vida con su esposa. Iba a su casa dos o tres veces por semana generalmente cuando Marcus no estaba, la pasaba muy bien platicando con él. Marcus por otro lado cada mes me mandaba un cheque por mis servicios, en un principio los aceptaba de buena gana, ahora ya no me siento tan a gusto de aceptarlos, así que se los he regresado, espero que un día venga a pedirme explicaciones de por qué lo hago.

Ahora estoy esperando sentada leyendo “twelve”, cuando sonó el timbre.



-       Te conozco Jennifer Heredia ¡a ti te pasa algo!—dije más serio y con un poco de enojo.

-       No tengo nada, ¡NUNCA EN TU VIDA ME VUELVAS LLAMAR POR MI NOMBRE COMPLETO!—dijo Jenny muy enojada.

-       Ya pues, pero te conozco y sé que te pasa algo—dije para que    se calmara.

-       ¡Bueno si me conoces tanto como dices! Entonces dime ¿Qué es lo que tengo?—pregunto con rabia.

-       Pues no sé, no sé qué es lo que te pasa para serte sincero—dije resignado—pero sé que te pasa algo, sabes que cuentas conmigo, ¿Qué acaso no somos amigo?

-       Sabes, eso me enferma ¿Qué me consideres tu amiga?—dijo un poca más serena— ¿Qué acaso no te das cuenta de algo?

-       ¿de qué quieres que me dé cuenta?—dije consternado por su pregunta

-       Acaso ¿eres tan ingenuo o tan idiota? Para no darte cuenta de lo que tienes—dijo ya desesperada.

-       Pues si te explicas un poco mejor quizás pueda entender lo que te pasa.

-       ¿quieres saber verdaderamente lo que te pasa?—dijo un poco más tranquila—es que estoy enamorada, estoy completa y estúpidamente enamorada de ti ¿Qué acaso no te habías dado cuenta?

-       La verdad sí, pero esto no puede ser—dije un poco aturdido.

-       Y ¿Por qué no?—dijo ya más tranquila.

-       Pues porque no había razón como para que tú me ames—dije con mayor tranquilidad—yo tan simple y tu tan extraordinariamente hermosa, talentosa y…

-       Calla por favor—dijo interrumpiendo de manera intempestiva—yo te amo la pregunta es ¿tú me amas?

-       Claro que si, como no hacerlo eres la mujer más hermosa que más amo en este mundo—dije acercándome más a ella, lo que me tomo por sorpresa fue que ella me beso.

Fue el beso más maravilloso que pude haber recibido por la mujer que amaba y que tanto espere, y por lo que veo ella también lo había esperado por seis largo meses. Después de esa noche, ella se convirtió en mi novia y los dos estuvimos juntos esa primera vez.

Mi familia supo de lo nuestro hace tres semanas después y todos estaban muy felices por mí. Desde entonces pasábamos mucho tiempo juntos y tenía que arreglárselas con las sesiones de mi padre. Después de un año Jenny me dijo que ya había dado de alta a mi padre, entonces le dije.

-       ¿No sería hora de decirle la verdad a mi papá sobre…?--dije cuando a la sala entra mi papá.

-       ¿la verdad sobre qué?—pregunto inquisitivo—y no me digas mentiras.

-       Bueno te tenemos que decir que...—dije haciendo una pausa—...que Jenny y yo somos novios.

-       Buenos eso ya lo sabía—respondió.

-       No papá, cuando la conociste ella no era mi novia, ella te dijo así porque.

-       Bueno Cesar le dije eso porque fue la única forma que se me ocurrió para acercarme a usted sin levantar sospechas—dijo Jenny—yo soy psicoterapeuta y todos estos meses usted estuvo en sesiones conmigo para superar la muerte de su esposa para eso me contrato su hijo, sin embargo desde que lo conocí no pude dejar de pensar en él y pues estuve esperando que él me dijera algo, pero tiene un hijo muy testarudo—dijo Jenny riéndose.

-       Si, si hija tienes razón es muy testarudo—dijo también riéndose—sabes también sospechaba que no eras su novia desde ese día por lo mismo—dijo otra vez riéndose—lo que si puede tener es muy buen gusto pues no pudo elegir mejor mujer que tu.

-       Gracias Cesar—dijo dándole un abrazo muy efusivo.

-       Eh gracias papá—dije un poco sorprendido

-       ¡Ah! Es que desde hace meses él me dijo que lo tratara de más impropiamente y pues haci lo hago—dijo respondiéndome por la expresión de mi rostro ante lo que había vistos.

-       Además—tercio mi padre—yo la quiero como a una hija.

-       Bueno ¡ya!—dije al comprender—entonces ¿no estás enojado?

-       No, claro que no—dijo sonriéndome—además como dije ya lo sospechaba.

Esa misma tarde le dije a mis hermanas que nuestro padre había sido dado de alta. Después de esa tarde y por la noche me quede hablando con Marina.

-       Hola ¿Qué haces?—pregunte al ver que está viendo un montón de fotos.

-       ¡Ah! Hola, es que estoy viendo cuales fotos son las que están mejor para la campaña para la temporada primavera-verano 2013 y como he tomado muchas fotos, tengo que elegir entre todas estas modelos las mejores fotos, pero es muy difícil elegir.

-       Si lo sé, todas son tan hermosas y te debe de costar mucho trabajo—dije al ver todas las fotos, aunque la mayoría son de una sola modelo.

-       Si—dijo esbozando una pequeña sonrisa—bueno si es difícil porque tengo muy poco tiempo.

-       Oye ¿y ella quien es?—pregunte señalando una de las fotos.

-       Ella, bueno ella se llama Lune—dijo casi tartamudeando.

-       ¿Es nueva? ¿verdad?—pregunte.
  -    Sí, pero te tengo que decir algo—dijo pero ya un poco más seria.

                                                                                                    de: valdez roa

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